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COMENTARIO PERSONAL AL CAPÍTULO I DEL ENSAYO SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL (1873) [1 ] 1. SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN ...
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Presentación tutores curso 2025/2026 de Nuria García Mairena Dinámica Grupos ESO_BACH_Bestiario Colectivo de Nuria ...
25/01/2022
20/01/2022
26/12/2021
Microdetonaciones
Un silencio ensordecedor que penetra por los resquicios de las puertas y las ventanas nos invade desde hace algún tiempo. El eco del vacío retumba en las paredes y ningún ser vivo o cosa es capaz de romperlo, solo la respiración y los latidos del corazón humano lo quiebran a veces. Las calles vacías y los edificios en pie, los hospitales llenos, la escasez de alimento en las estanterías de los supermercados, las colas de necesitados en los comedores sociales, todo lo que en otros tiempos pudieran ser indicios de una guerra, son estampas del paso del virus por nuestro planeta.
No solo las emociones, también las ideologías son producidas y detonadas en cada galería de la caverna. La violencia, a veces muda, otras veces resonante como un eco ensordecedor, se manifiesta en sus corredores. Solo lo puramente irracional o lo excesivamente racional, en tanto que dogma, puede ser susceptible de materializarse en violencia y dolor. Los dos extremos del círculo ya se tocaron hace tiempo.
El
imperio de la pasión -emocional, sexual- así como el de la lógica, transformado
en afán de dominio y control excesivos, se metamorfosean en miles de formas de
violencia, diosa proteica de la sociedad contemporánea, consumida en las
imágenes y en los espectáculos de masas y también consumada, detonada a cada
instante. Ambos extremos son una y la misma cosa y se transforman en el
interior del mismo flujo. La posesión desmedida consume al ser humano y lo
posee por entero al pasear por sus galerías, de pantalla en pantalla, de imagen
en imagen, de cuerpo en cuerpo, sin verse a sí mismo, queriendo ser, tener y
poseer, queriendo el vacío. A veces el hombre no es más que un pronombre
posesivo.
Amar es consumir.
Consumir objetos, cuerpos, violencia y en ese acto casi compulsivo, dejar de
ser lo poco que se es y acabar fundiéndose en el flujo oceánico de la masa, el
enjambre, el cuerpo deseado, en las imágenes como objeto de pulsión. La pulsión
escópica es el resultado de la transparencia de la fórmula en tanto que axioma
vacío, forma parte del mismo mecanismo racional que se ha acabado encarnando en
la biología sufriendo el cuerpo el proceso
inverso: lo racional transformando el instinto, el afán de transparencia
transformado en instinto.
En la caverna todo
tiende a transformarse en imagen espectacular para satisfacer esa pulsión,
cualquier suceso es transformado rápidamente en espectáculo, en drama sin
guión, en dosis de violencia o de belleza listas para ser consumidas. Realidad
y ficción simplemente se han invertido, el sujeto se desrealiza y realiza, se
disuelve y se constituye en un flujo ficcional de relatos entrelazados en el
que está inserto o forma parte del susceptible material espectacular ficcional
a consumir.
Transformarse en flujo, acabar de desrealizarse en lo fluido, en un vaivén constante de disoluciones progresivas a lo largo del tiempo a modo de catarsis, en eso consiste ser, en ser uno con lo fluyente. Este vaivén como de olas, avanza y se retrae según las medidas del azar o la elección, erosionando al yo, que nunca fue tan voluble y a la vez tan plenamente autoconsciente. La muerte no es más que la disolución total, también progresiva. Después, todo vuelve a empezar de otra forma, tan similar y tan distinta, tan igual y tan única. Sólo queda para algunos el espacio no ocupado por el cuerpo y una trama de relatos que llamamos recuerdos.
Las ideologías, fosilizadas en dogmas pétreos
rezuman con frecuencia destellos de dolor en la contradicción de sus
polaridades, que pueden llegar a ser tan absolutamente excluyentes como
exponencialmente irracionales, en medio de una racionalidad tan lógica como
dogmática. Una racionalidad numérica que todo lo envuelve y en cuyo flujo se
cobija el hombre, que sin asideros ni barandillas es arrastrado por la
corriente multiforme, que a veces parece transformarse en un oasis que no es más
que una ilusión óptica: idolatría de la imagen.
Arrastrado por el flujo multiforme del vacío, que se llena de cualquier cosa, las creencias se metamorfosean en culto a lo espectacular, o en adoración inconsciente a la belleza, a la matemática encarnada en la materia, a lo radicalmente trivial como símbolo de lo absoluto en lo efímero. El cuerpo hecho imperio de deleite y mercancía, objeto de posesión, contemplación, consumo y delito. El suceder de las imágenes se complementa con el flujo numérico de las cuentas corrientes en contraste con la idea hecha dogma. La trinidad de la violencia: pasión, dogma y belleza, entendidas como simulacros. Imagen-devenir, dogma-apariencia y belleza efímera, lo que Platón jamás hubiera imaginado.
Al hombre, transido de conflicto, diluido en su
contradicción interna, se le oponen las fuerzas de toda su historia en el
presente y debe resolverlo. Uno de los rostros de la naturaleza es la
violencia, ciega en el caso de lo natural, estetizada y transformada en imagen
en la caverna. No podremos erradicarla jamás, solo atenuarla o canalizarla. En
la caverna se transforma además en objeto de consumo. Al consumir violencia se
producen microdetonaciones ficticias
y reales que entran en una dialéctica circular infinita y se solidifican y encarnan
en patrones repetitivos de respuesta que se replican de forma normalizada y se
materializan polimórficamente. Lo ideal es sublimarla o transformarla en cosa. Habita
dentro de todos nosotros, en las profundidades insondables de nuestra cueva, en
el más recóndito resquicio de nuestra epidermis, en dialéctica entre el cuerpo
y el coltano pulido en un fundido en negro. Lo mejor es no despertar nunca a la
serpiente, dios sabe en qué molécula o en qué pixel puede anidar.
Nada
debe ser dicho, todo decir es una desrealización, una disolución en lo vacuo, una
transformación del yo en el fluido del lenguaje, en la proliferación infinita
de la nada, de ahí que reine el silencio y el sonido del mar. El virus también
se replica dentro del ciclo de transformaciones. En esta dialéctica parece que
en cada cambio se atenúa su iniquidad mientras aumenta proporcionalmente su
capacidad de contagio. Ómicron es la última variante de su lenguaje biológico
proteico.
No sé dónde está mi gato, lo perdí de vista en septiembre, a veces de pequeño me arañaba. Pese a dormir plácidamente durante el día, de noche es un cazador nato, ningún insecto se le resiste. Hoy estoy cansada, voy a apagar la televisión. Ningún flujo de imágenes me convence, no suelo contentarme con cualquier simulacro.
| El grito (1893), Edvard Munch Volver a Salir de la caverna |
01/12/2021
Textos UD3_Tipos de metafísica
A través de esta selección de textos y la tabla adjunta podrás profundizar en los aspectos teóricos de la UD_3, en concreto del apartado 2_Tipos de metafísica, de forma que al comentarlos aplicarás la teoría fijando los conceptos y adquiriendo progresivamente destrezas para realizar comentarios de textos guiados.
30/11/2021
UD3_La cosmovisión metafísica de la cultura occidental
Por fin ya tengo casi preparada la Unidad 3. La he llamado la cosmovisión metafísica de la cultura occidental y en el fondo he hecho alusión a un libro que tenía ahí preparado en la recámara de mi tableta para leer desde el año pasado: ¿Qué es metafísica? de Martin Heidegger. Es posible que la metafísica fuera el resultado de un largo proceso de cristalización de formas míticas, que se transforman en conceptos abstractos, por lo que surge ligada consustancialmente al pensamiento filosófico. No es que no me guste leer, pero estos señores se empeñan en cercenar la filosofía como sea: con doce grupos y aproximadamente 350 alumnos es bastante complicado sacar tiempo para leer y trabajar las competencias, pero igual no es una de las finalidades del sistema educativo, pese a que toda la legislación aprobada hasta la fecha presume de plantearse objetivos tan excelsos como "enseñar a pensar a los alumnos" o "fomentar el diálogo", "el pensamiento crítico", "los valores democráticos" y la "tolerancia con respecto a otras culturas, creencias e idiosincracias". Estoy encantada con las facilidades que nos proporcionan a los profesores de Filosofía para lograr esos objetivos y otros aún más complejos.
Bueno, sea como fuere -pues los filólogos también están ahí rastreando vocablos- es un tema bastante complicado y que aún estoy rehaciendo, en el que además de las curvas cerradas y abstractas de la metafísica, se nos presentan dos figuras teóricas relevantes, un crítico acérrimo y un defensor de la misma, que serán los protagonistas de la unidad desde el punto de vista de su evolución histórica: Platón y Friedrich Nietzsche. Y es que a la pobre metafísica no la han dejado tranquila ni un solo instante, está claro que le tienen manía…en fin...¿por qué el Ser y no más bien la nada? ¿Cómo es posible pensar la nada? ¡Qué estrecho es nuestro pensamiento, aferrado a los esquemas lógicos, se hace imposible pensar cualquier cosa que los exceda!
22/11/2021
Cómo hacer un comentario guiado de un texto filosófico
Este año estoy impartiendo de nuevo Filosofía en 1º de Bachillerato y al empezar el curso me he encontrado con varios inconvenientes. El primero de ellos es relativo a los niveles heterogéneos que pueden tener los alumnos, sobre todo los que han cursado previamente la asignatura como optativa en 4º de la ESO, a lo que se suma la heterogeneidad propia de cada alumno (diferencias de nivel, ritmo de aprendizaje, de estudio, lingüísticas, de preferencias por la asignatura, etc.). Esto me enfrenta a dos subgrupos de alumnos dentro del aula: aquellos que han cursado la asignatura en 4º de la ESO y ya tienen una ligera introducción, lo cual sería deseable para todos, y aquellos que no.
La falta de base teórica en 4º de
ESO del resto de alumnos para realizar un comentario de texto guiado me
obliga a partir desde cero, pese a que algunos alumnos ya tienen una buena base
teórica para trabajar y sería deseable partir de la misma y no incrementar la
heterogeneidad que ya existe de por sí y que hay que tener muy en cuenta en la
docencia.
Con la finalidad de integrar a todos los alumnos
independientemente de su nivel de adquisición de conceptos y teorías
filosóficas, he ideado unas pautas
metodológicas sencillas para realizar un comentario de texto guiado partiendo
de un nivel conceptual cero, que les
puede ayudar también a familiarizarse con esta tarea antes de llegar a 2º de
Bachillerato, lo que a mi juicio es fundamental que hagan. Para ello, sin tener
una perspectiva histórica de la filosofía en su desarrollo temporal, solo
podemos trabajar ideas y conceptos
abstractos para realizar un análisis
sincrónico de los mismos y establecer analogías y diferencias de forma muy
somera con distintos periodos históricos, pues no tienen una base conceptual
suficiente para contextualizar un texto ni a nivel filosófico, ni biográfico,
ni histórico, ni cultural.
Espero que les sea de utilidad.
- Rúbrica para evaluar y coevaluar comentarios de texto guiados_Métodos/Problemas filosóficos (Nivel 1)
22/10/2021
Proyecto_SdA2_ EV1_Los primeros físicos y metafísicos
Instrucciones para realizar las tareas del proyecto grupal de la 1ª evaluación. La selección de textos está en vuestra carpeta grupal de Google Drive. Aquellos alumnos que lo consideren oportuno pueden solicitar a la profesora los textos del Nivel 3 de complejidad, cuya lectura es opcional y de carácter totalmente voluntario, pero indispensables para alcanzar una calificación de excelencia.
- Proyecto EV1_1ºBACH_B_Grupo 1_Empédocles de Agrigento (Bueno Gálvez, María, García Benítez Yessenia, Martín de los Reyes, Saray, Padial Borrero, Yeray, Robles Suero, Elena).
- INFOGRAFÍA:
- PRESENTACIÓN:
14/10/2021
UD2_La filosofía en su historia
Buenos días, aquí os dejo los apuntes y diapositivas de la UD2_La filosofía en su historia. Como podréis observar, contienen muchos esquemas y tablas cronológicas para que tengáis una perspectiva general de las distintas ramas del pensamiento filosófico y su desarrollo a lo largo de estos más de dos mil quinientos años transcurridos desde las primeras respuestas a la pregunta por el arjé. Espero que tras estas dos unidades de carácter introductorio tengáis una idea algo más precisa de eso que definimos como amor al saber en la primera clase de este curso. A partir de ellas nos centraremos en estudiar de forma pormenorizada las distintas ramas descritas en esta unidad y los problemas concretos que se abordan en cada una de ellas haciendo alusión a sus protagonistas.
05/10/2021
El origen de la filosofía
Lee detenidamente este fragmento de la Historia de la Filosofía de Julián Marías y completa los huecos con la palabra correcta en cada caso para fijar lo explicado en clase sobre el origen y características del pensamiento filosófico. Para hacer la actividad, que será puntuable, tienes que logarte en la plataforma educaplay con tu correo electrónico de Séneca y la siguiente secuencia que te identifique: Curso_Grupo_Apellidos_Nombre. La actividad es individual y será puntuada como parte del portfolio de trabajo de cada alumno, de ahí que sea importante y necesario identificarse de la forma que se ha explicado para que la puntuación obtenida en la aplicación se tenga en cuenta. En el calendario de tu grupo tienes el plazo para poder hacerla siguiendo las instrucciones que se explican en esta entrada. Espero que aprendas mucho ;)
04/10/2021
UD1_El triple origen de la filosofía
¡Hola a todos! Os dejo los apuntes de la UD1_El triple origen de la filosofía que estamos trabajando en clase. Los podéis descargar y los tenéis ya a vuestra disposición en esta página aunque no puedan proyectarse las diapositivas, pero así vais repasando y no os coge de sorpresa :)
UD1_FIL_El triple origen de la filosofía de Nuria García Mairena
Site de la UD1_FIL_El triple origen de la filosofía
Descargable_UD1_FIL_El triple origen de la filosofía
- Video-resumen UD1_El triple origen de la filosofía:
- Ampliación: Los filósofos presocráticos
11/07/2021
Ultraviolencia
26/06/2021
Polaridad
En un mundo fenoménico, donde las sombras y los simulacros no son trascendidos, cada sujeto se queda
encerrado en el espectro de su fenómeno en cada acto de conocer, por lo que el
mundo que se considera real se polariza, quedando sesgado en la imagen parcial
que cada sujeto asume construyéndola, o simplemente reflejando aquello que los
porteadores de sobras les proyectan. Para alcanzar la unidad, la síntesis, es
preciso trascender todas las posiciones fenoménicas, cosa que en la caverna
raramente sucede, no obstante, algunas personas lo consiguen o, al menos, lo
intentan.
Por esta razón, la
caverna es un lugar polarizado, pero esta polaridad, en el fondo, no es más que
una apariencia, donde el sujeto parece reconocerse, la polaridad misma debe
existir como simulacro, pues solo desde lo múltiple es posible la diseminación
del yo en el discurso o en las proyecciones. Debe ser de esta forma porque
la glosodoxa se nutre precisamente de las consecuencias y
resultados de la contradicción, no es más que un discurso sin fin producido por
los sujetos, en tanto que recipientes de una forma concreta de decir que se
opone a otras. No hay verdad en los opuestos en la actualidad, aunque
posiblemente antaño la hubiese, pero ahora hay solo apariencia, la glosodoxa es
la dialéctica deconstruida, vaciada y proyectada hasta el infinito. En la
caverna la síntesis es negada y no llega nunca a realizarse, quedando los
sujetos encerrados perennemente en sus posiciones fenoménicas. Esa síntesis, en
todo caso, no corresponde al individuo, sino a ciertos agentes productores de
discursos para los que los sujetos no son más que meras mediaciones materiales
para proyectarlos o reflejarlos.
La individualidad solo
persiste en el arte, en el resto de galerías, el sujeto no es más que la dimensión
material del discurso, su soporte corpóreo. Solo el artista es capaz de
construir sentido, o el científico de transformar en fórmula la experiencia, el
resto de los individuos se limitan a reproducir el discurso, por esta razón,
nada nuevo puede ser dicho en la caverna por un hombre concreto, solo por los
agentes de sentido. Entre los sujetos no hay más que polaridades no resueltas
que conducen a una oposición eterna, a un enjambre de fuerzas que pueden ser
conducidas de un lugar a otro de la caverna sin mayor esfuerzo y que suplantan
las identidades, son pseudoidentidades fluyentes. Siempre que
se conozcan los detalles de la oposición que hay entre ellas, se puede detonar
su conflicto cuando convenga, en cualquier momento, en cualquier galería.
Por esta razón, el
único individuo que puede llamarse así plenamente es el artista, el único que
puede llegar a ser plenamente sujeto y ser capaz de construir sentido
trascendiendo la cadena de apariencias, superando los opuestos. En la caverna
sucede de esta forma porque el mundo fenoménico actúa como una especie de
filtro que absorbe la luz que no puede trascender la opacidad de los fenómenos,
quedando relegada a simple sombra. La identidad como tautología y como
síntesis fenoménica, el reflejo en el espejo, es cada vez más inalcanzable. Nos
miramos en una infinidad de espejos y pasaríamos toda nuestra vida
recomponiendo todos los reflejos, es una tarea imposible, que solo se alcanza
construyendo una imagen y anulando los reflejos y las proyecciones fenoménicas.
El yo está escindido en la cultura de la imagen, la imagen misma como forma de
conocer lo ha acabado suplantando y convirtiendo en observador pasivo, su
cuerpo no se cuestiona, pero su alma puede ser un simple almacén fenoménico,
donde las imágenes y los discursos se superponen de forma caótica y amorfa. Al
cortar nuestra relación directa con lo natural, cortamos también, sin darnos
cuenta, el hilo del yo, lo hicimos hace tiempo, tres siglos hace ya de eso. El
pastor heideggeriano es el hombre que quiere retomar ese hilo, pero no se puede
desmontar ya el edificio, posiblemente solo podamos observar cómo se va
derrumbando poco a poco.
Solo los artistas y los animales, como mi gato, son plenamente, unos por inconsciencia y otros por hiperconsciencia, el resto tenemos que hallar nuestra identidad tras una multitud de apariencias fenoménicas, de imágenes con las que nos identificamos y en las que a veces quedamos atrapados sin saberlo, como en una especie de maraña o tejido de fenómenos que a veces solo muestran tras de sí el vacío. Tras el flujo infinito de imágenes y fenómenos se halla posiblemente el yo, o un simulacro, debe haber algo tras los cúmulos fenoménicos que somos. En la Grecia clásica el yo era la célula de un organismo, en la actualidad es un cúmulo de reflejos polarizado en las miles de proyecciones de las imágenes que consume. Mi gato a esta hora dormita, tiene un cojín especial para él en un sillón antiguo. Le gusta estar en alto. La cama de cómic que le compré no es de su agrado, prefiere levitar a medio metro del suelo.
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| Mariana in the South (1897), John William |
29/05/2021
Cuerpos
Occidente lleva obsesionado con la salud del cuerpo desde el siglo diecinueve, momento en el que nace, bajo el auspicio de los planes estatales para la mejora de la calidad de vida, lo que hoy conocemos como sanidad pública, que al mismo tiempo puede ser el germen de lo que en estos días denominamos biopolítica. Posiblemente liberalismo y biopolítica sean las dos caras de una misma moneda, cuyos contornos han estado difuminados y no podemos ver correctamente definidos hasta estos momentos.
Los griegos también se preocuparon por el cuerpo, pero no
descuidaron lo anímico, de hecho Platón subrayó el papel central del alma,
pero del alma como ratio, frente al equilibrio armonioso de sus
contemporáneos, que se deleitaban en la gimnasia y las hermosas proporciones del
cuerpo humano como reflejo material de la belleza. El alma de Platón es un alma
matemática, objetivante, depuradora.
Lo corporal fenoménico es justamente lo opuesto a la fórmula racional
descarnada, o mejor dicho, su simulacro, su sombra.
Al desechar lo mítico, se desechó también la preocupación por
lo anímico, que quedó relegada a las artes y la razón, junto al largo camino
que esta habría de recorrer, se convirtieron en los principales protagonistas de
nuestra historia. Una razón descarnada, matemática, sin sujeto. Una razón objetiva,
cuyo motor es el bienestar y el progreso de la humanidad, pero que en su
transitar por la historia del hombre modificó su viraje. Solo una razón sin
sujeto pudo convertir al sujeto en cosa.
El alma es la parte más delicada del cuerpo y hay que cuidarla. Nuestra sociedad desprecia lo anímico y reduce el cuerpo a fórmula o a fenómeno, bajo la apariencia de la absoluta veneración de lo corporal en su imagen física y en su conocimiento. No hay cosa más venerada que el cuerpo humano y al mismo tiempo, no hay mayor objeto que el cuerpo reducido a cosa, absolutamente cosificado. Los mecanismos gnoseológicos que reducen el cuerpo a fenómeno y a fórmula son, posiblemente, la esencia racional de la biopolítica, que encuentran su manifestación social en el liberalismo y en la degeneración de los ideales ilustrados y en ellos se encarnan. Siglo y ratio son una y la misma cosa, ya lo decía Hegel.
La transparencia del conocimiento reduce el cuerpo a fórmula,
a secuencia genética, a sistema de medida, no solo el humano, sino el de todo
ser vivo o inerte. La fórmula reduce el cuerpo a cosa que padece, con mayor o
menor empatía hacia ella y mediante el juramento, promete aliviar su dolor para
hacer su vida más próspera y agradable, e incluso alargarla hasta la eternidad
misma, que es lo que el ser humano ansía en la materia, vencer la muerte, alcanzar
la (in)mortalidad. A grandes paradojas humanas nos conduce.
La transparencia de lo fenoménico hace que los cuerpos se
mercantilicen totalmente desacralizados en la televisión, el cine y la publicidad
para ser devorados por el ojo humano. Forman parte del mercado de objetos que
normalmente consumimos en la caverna como fenómenos y únicamente conservan
cierta sacralidad en las iglesias y los museos. En la caverna lo fenoménico es
una forma de alimento, como cualquier comida que hacemos a lo largo del día.
Consumimos cuerpos transformados en fenómenos. Las redes sociales convierten
nuestra vida en álbum de fenómenos consumibles, en imágenes que pretenden
alcanzar la eternidad de la Monna Lisa
en el infinito fluir temporal del instante de ser, entidad o absoluto, que solo
unos cuantos likes pueden
proporcionarles, unidas al flujo infinito de lo corporal-fenoménico en el
hipertexto. Así se construyen las identidades, en las galerías fenoménico-cosificadoras
de la caverna, traducidas a redes sociales, donde los cuerpos se cosifican reduciéndose
a construcciones fenoménicas que se muestran para ser consumidas visualmente en
un fluir temporal infinito. Todos los medios de comunicación de masas convierten
lo corporal en imagen para ser consumida o imaginan la realidad, narrándola, para ser proyectada en los lienzos de coltano, reducidas a discurso, glosodoxa.
La obsesión de lo visual transforma en Occidente todo lo
corporal en fenómeno para ser consumido por la mirada. Esta obsesión trasciende
con creces el ideal griego de la belleza corporal como reflejo del equilibrio y
la simetría de las proporciones y se consuma en la reducción de lo corporal y
lo vital a puro dato, a fórmula simple, mediante la cual pueden reducirse los cuerpos, vidas privadas, intimidades y sexualidades a puras cosas para ser consumidas en un
programa de televisión como algo absolutamente normal y al mismo tiempo
grotesco, de lo que nadie jamás se escandalizaría ni cuestionaría su porqué. Ante
ojos ávidos de imágenes y oídos expectantes de intimidad, la vida y el cuerpo del
sujeto se reducen a cosa para ser consumida y devorada por el coro, el público,
la audiencia, cual banquete totémico de fenómenos. Platón ya nos avisó de los
peligros del cuerpo, pero no quisimos oírle. Vigorexia e hipocondria, junto a bulimia y anorexia, son los padecimientos que el culto al cuerpo y su objetivación y consumo producen en el ser humano, los reflejos del canon de lo fenoménico, del progresivo proceso de matematización y objetivación de lo corporal, que en algunos casos solemos llamar belleza. A esta belleza matemática y proporcionada se opuso el cubismo, o posiblemente no hizo más que descomponer la imagen en todas sus aristas posibles, creando la distorsión de lo multifocal, mostrando la mirada desde los más diversos ángulos desde los que una cosa o persona puede ser vista. La tarea del siglo veintiuno será recomponer al hombre, que se ha ido dividiendo en cubos a lo largo de la historia de la razón, ensamblar lo que racionalmente separó y descompuso.
Hoy me han puesto la segunda dosis de AstraZeneca. Por el
camino, mientras ya me había colocado en la fila de coches en la que
administrarían esa vacuna, iba leyendo si era más idónea para mi cuerpo que la de Pfizer, que pondrían a los coches de la fila de enfrente. Margarita del Val
me ha confirmado a posteriori que posiblemente mi decisión fuera la correcta. Igual
dentro de algunos años nos enteramos. Me hubiera gustado que hubiera sido de
otra forma, pero en la caverna no tener información relevante y tener demasiada
son cosas sinónimas y ambos extremos son consecuencias de la glosodoxa.
La glosodoxa puede
transformar nuestra libertad en un espejismo, en un gesto irrelevante como
cualquier gesto cotidiano o en una libertad microbloqueada,
que ante cualquier decisión se tiene que enfrentar a una vorágine gráfica
incomprensible. Me estaba preguntando si al final mi gato no va a ser más libre
que yo, al menos en estos momentos tiene mucho más claras sus pautas de acción,
aunque no sepa quién o qué dirige sus acciones, pero él sigue durmiendo
plácidamente en su cojín sin que ningún problema humano pueda perturbar su
feliz ronroneo.
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| René Magritte, El falso espejo (1928) |
22/05/2021
Inmunidad
Poco a poco vamos alcanzando eso que los expertos han llamado “normalidad”. La normalidad no es otra cosa que volver a la situación anterior al virus, o a una circunstancia vital lo más similar posible. Para ello todos los investigadores de las grandes empresas farmacéuticas y de la sanidad pública y privada han trabajado estos meses hasta alcanzar un antídoto que pueda conducirnos de nuevo a ella.
Ellos no conocen fenoménicamente, como imagen, sino de forma absolutamente transparente. Ellos conocen la fórmula y conocen como fórmula, ambas cosas. La fórmula siempre trasciende lo fenoménico, es su depuración última, a ella queda reducida la multiforme danza de los espectros, de las imágenes. La fórmula es la codificación del más arcano misterio de lo humano y su relación con el afuera. Quien conoce la fórmula tiene plena visión de una porción del todo, por esa razón, conocer como fórmula es conocer como cálculo, con exactitud, sin errores ni erratas, con la perfección y la divinidad de la matemática, axiomáticamente.
Toda la humanidad depende de una
fórmula para sobrevivir, para desarrollar los anticuerpos que nos hagan inmunes
y que así podamos continuar viviendo después de este stand by universal. Son los grandes expertos de la caverna, los
únicos que pueden hacernos salir de nuevo a la luz de las paredes de nuestras
casas, humedecidas por las últimas lluvias, que este año se han prolongado
solapando el invierno con el verano. La fórmula es el salvoconducto a la
normalidad que todos deseamos: la normalidad de las colas en el supermercado,
los atascos de tráfico, las aglomeraciones en los centros comerciales, los
conciertos repletos de jóvenes en plena efervescencia inconsciente, los viajes
de un lado a otro, las tapas en el bar con los amigos, la cerveza al salir del
trabajo el viernes a mediodía para celebrar la llegada del fin de semana, las
festividades, las romerías y los cultos. En definitiva, la normalidad no es
otra cosa que volver a los rituales y rutinas que teníamos antes de que
llegase el virus, a los mecanismos humanos prevíricos.
La normalidad en la caverna puede ser comparada con una
visita al Ikea: empiezas a mirar y a dar vueltas, te pierdes, tomas un café y vuelves
al principio de la ruta, ves muchas cosas que no tenías previstas, abres
algunos armarios y cajones, te sientas en una silla de escritorio para probar
si aguantarías sobre ella ocho horas seguidas, descorres la cortina de la
ducha, mientras te llevas un peluche, cuatro tuppers, tres marcos, dos posavasos y tres sujetalibros hasta que -por
fin- alguien te habla de un sendero, una especie de pasadizo para llegar al lugar
que estabas buscando desde el principio y has tenido que dar todo ese rodeo
para llegar a un lugar al que hubieras llegado mucho antes y en el que
supuestamente ya vivías: la normalidad.
En menos de un año ya tienen la fórmula de la inmunidad, la
fórmula de la vida: la vacuna. Con ella se inició hace unos meses un proceso
sanitario sin precedentes en la historia de la humanidad, la vacunación masiva
a nivel mundial, la inoculación de la fórmula que nos hará inmunes a un virus que
muta sin cesar para alcanzar la inmunidad del rebaño. El virus ha transformado a la humanidad en un rebaño. Nos hemos vuelto tan
gregarios que lo absolutamente interno e íntimo, que es la salud, se ha
convertido en un problema político sin precedentes. Es posible que debamos
cuestionarnos nuestro gregarismo. En la sociedad postvírica sólo en el arte emerge lo subjetivo, para absolutamente
todo lo demás necesitamos colaborar y comunicarnos con nuestros semejantes. En la caverna el artista, el creador de imágenes, es el que representa
el polo subjetivo, mientras que los expertos, los que conocen la fórmula, son
los que encarnan la objetividad y la mathesis.
¡Qué paradoja! Platón pretendía echar al neófito sujeto de la caverna, al
recién llegado, al invitado de honor. No sé si lo habrá conseguido, nuestro
gregarismo lo dirá. Estoy encantada de ser una más en este mundo de humanos
fabricados en serie, pensados por otros, precocinados.
Mientras chispea, mi gato ya se ha subido en tres cojines distintos, es posible que crea estar en el Ikea y los esté probando todos. Mueve levemente las orejas cuando lo llamo, pero continúa dormitando. Solo han caído unas gotas, las macetas no tendrán suficiente con ellas y habrá que regarlas. Los humanos tenemos flores en casa para recordar que una vez vivimos en medio de ellas, no solo para decorar, es una reminiscencia del afuera.
![]() |
| Vincent van Gogh, Lirios (1889) |
15/05/2021
Laberintos
La caverna es un laberinto plagado de minotauros. Todo, absolutamente todo lo que hay dentro, está construido a partir de sombras fenoménicas, que son tomadas por los iniciados como lo verdadero, y en parte lo son. Las sombras, espectros de lo real, cristalizan a partir de fenómenos perceptuales condesados en el tiempo y en el espacio desde siglos remotos. En ese proceso se transforman en imágenes, que a veces solo parecen mostrar vagamente lo que acaece en alguna de las galerías pero, en realidad, cualquiera de ellas tiene un fondo de espejos proyectados hasta el infinito, hasta los confines de la humanidad. Aunque la superficie solo parezca mostrar lo que sucede en el tiempo presente o inmediatamente anterior, la imagen es el jugo de los siglos materializado en esos espectros de significado, que pueden adoptar cualquier soporte, desde la piedra a los píxeles.
Las imágenes no son planas y bidimensionales como las sombras
chinescas, aunque algunas lo sean desde el punto de vista de su soporte
material, sino mucho más densas y complejas: a veces proyecciones, a veces
reflejos y condensaciones. Algunas se replican como ecos, otras se disuelven
como humo, o queda de ellas un espectro mortecino que nos acompaña sin ser
percibido claramente porque se han difuminado en el tiempo. Por definición y al esconder su fondo, la imagen es en sí
misma paradójica, su esencia es multiforme y poliédrica. Su superficie solo
refleja una especie de síntesis lumínica y colorida de un proceso complejo, en
el que la forma material es simplemente su manera de darse, de aparecer, el
soporte sensorial que necesita para hacerse carnal y ser percibida y así poder
transformarse en discurso. Rocas terrosas de espejos son los enveses de sus
infinitos abismos, que laten sedimentadas tras la capa superficial. ¡Quién lo
diría! Cada imagen es una especie de túnel a las profundidades humanas y la
caverna está compuesta de miles de ellas. En ellas podemos perdernos por toda
la eternidad, o simplemente fluir hilvanándolas como en un collar de luminosos
y vistosos colores para nuestra retina. Como tejedores de imágenes construimos nuestro mundo.
Ciertamente Platón no era más que un ingenuo, en su tiempo,
precisamente fue él uno de los primeros artífices, la imagen ya se había
transformado en discurso, pero el poeta, el artista, el músico, el escultor y
el arquitecto, eran los más perfectos ejecutores de algo que estaba escrito en
las profundidades de lo humano: conocer y transformar la realidad mediante la
creación de imágenes. No podemos expulsar al artista de la caverna porque el
artista es la caverna. Platón, más que expulsar al artista, lo replicó, creando
la metáfora del lugar donde estos habitan por siempre.
Salir a la luz es la metáfora de la liberación de la a-gnosis claustrofóbica que supone
recorrer los angostos pasillos de la caverna con su saturación de imágenes,
todas ellas laberínticas, rizomáticas. La caverna es un laberinto plagado de
laberintos, donde la única forma de orientación es el conocimiento, cuyos productos
son la imagen o la fórmula, ambas con la función de medios y fines al mismo
tiempo. En la caverna la a-gnosis es
al conocimiento lo que la glosodoxa al discurso y ambas se producen por
saturación, como la materia de los agujeros negros. De forma similar, atrapan
la luz de lo verdadero y la acaban proyectando en mil haces de discurso, o
difuminando en miles de imágenes, cuyos fondos laberínticos desconocemos.
Las imágenes se replican, duplican y comportan como un virus,
de hecho, estas necesitan de la materia gris humana para replicarse y a veces saturan la caverna de la misma forma que el virus que nos invade puede saturar
las células de nuestro cuerpo y hacerlas enfermar. Es posible que no haya tanta
diferencia en el fondo entre las imágenes, la proliferación descontrolada de
discursos y palabrería y el virus que nos asola.
Salir a la luz es la metáfora de la liberación de la cadena
fenoménica de imágenes y discursos, de la a-gnosis
claustrofóbica que supone recorrer los angostos pasillos de la caverna, que conducen al fondo
de la desesperación, la inconsciencia o el letargo. Salir a la luz es un
imposible, solo podemos hacer brillar la luz dentro, es incluso posible que no haya luz más allá. El hombre, nómada de las galerías fenoménicas de la caverna, solo
puede vagar por ellas largo tiempo si recurre a lenitivos gnoseológicos,
fenoménicos o materiales, más o menos fungibles, que acrecienten su evasión o
le produzcan un reencuentro con lo natural, como es el caso de mi gato, cuyo simple dormitar y maullar, me recuerdan que hay un afuera y que éstas no
son las únicas paredes que puedo habitar. En ese momento, transito a otro
laberinto, de una imagen a otra, como si mi mente cogiera un autobús. Posiblemente, algún afortunado encuentre el hilo de oro de alguna
religión que le salve del infinito laberinto de los fenómenos y lo conduzca al paraíso.
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| Paul Gauguin, Paisaje haitiano (1891) Volver a Salir de la caverna |
08/05/2021
Transparencia
Cuando el dogma se transforma en axioma todo se vuelve
visible, pero no fenoménicamente, como imagen, sino absolutamente transparente,
como fórmula. Ese grado de visibilidad como transparencia no es accesible a cualquier
habitante de la caverna, sino solo a aquellos que son capaces de ver las manos
constructoras, la intervención del hombre en la naturaleza, cada vez mayor
desde el origen de su existencia, en esa lucha por transformar el azar en cálculo que hemos llamado técnica; hasta el punto de que el más leve pestañeo pueda ser
predecible y el mundo entero quede petrificado como una escultura en movimiento
de rotación y traslación, como dios parmenídeo: los ritos se mecanicen
vaciándose de sentido, las frases de amor se repitan como tópicos, los patrones
de conducta como cromos y los arquetipos se muestren especularmente proyectados
hasta el infinito en las pantallas de coltano.
Manos constructoras como enjambres, que se afanan en pintar
el mundo hasta el último resquicio, el de la fórmula matemática que, en este
caso, se encarna en la materia como la fórmula biológica de un virus. Lo han
llamado "coronavirus" por su aspecto de microscópico erizo proteínico y proteico.
Platón supo describir arquetípicamente el mundo en el que
vivimos, de ahí que su alegoría haya perdurado en el tiempo, al adoptar la
forma mítica. Su caverna, la cueva en la que vivimos, puede dividirse en
estadios en función del nivel de conocimiento alcanzado por el iniciado y su relación
con el mundo material que lo absorbe. Todos debemos salir a la luz algún día. El
proceso es complejo y los obstáculos, materiales, sociales y psicológicos,
infinitos. Es posible que tal luz no exista y fuera de la caverna no haya más
que la crueldad y la belleza de lo natural en su estado salvaje, la humanidad
sentada frente a la naturaleza, jugando al ajedrez frente al caos y el devenir en sus más de
treinta mil años de historia.
La transparencia es la fórmula, la adquisición del mayor grado posible de autoconciencia en el mundo que habitamos, el despertar del mundo fenoménico y trascenderlo, rompiendo las cadenas de la multiplicidad de imágenes y discursos que se replican en la cueva y nos invaden y atrapan constantemente con sus cepos.
La transparencia es la libertad. En la caverna solo se es
libre trascendiendo progresivamente lo fenoménico, siendo plenamente
conscientes de que la fórmula misma es un discurso, el discurso de Occidente por
excelencia. Por definición, no hay ningún prisionero libre, es un contrasentido,
siempre somos esclavos de algo en la cueva, lo importante es saber que lo somos
y de qué, descubrir nuestra propia condición de esclavos e identificar cuál es
la sombra fenoménica que nos subyuga.
Solo los animales son libres, hijos de la naturaleza, a ella
nunca desobedecen, mientras el hombre, conducido por eros, se afanó en construir
la cultura en radical oposición, y a veces negación y olvido, de su esencia. Mi
gato vive feliz, absolutamente inconsciente, dormitando por todos los
cojines de la casa, obedeciendo a la vieja y sabia naturaleza sin saber que lo
hace, mientras el hombre tiene que disputarle su libertad, perdido en el
laberinto de los fenómenos, los espejos, los discursos, los arquetipos y las proyecciones.
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| Teseo y el minotauro (1959), ilustración de Alice y Martin Provensen |
01/05/2021
Dogmas
En la caverna no existen los dogmas. Estos no son más que un recuerdo del pasado, sobre todo los morales, ya lo decía Nietzsche y tiene su sentido. La caverna es un lugar que construye sus propios dogmas, que nada tienen que ver con las creencias y las tradiciones a las que algunos seres humanos estamos acostumbrados desde antaño.
Todos los dogmas de la caverna son construcciones ad hoc que suplantan y suplantarán toda
creencia y tradición mediante la tolerancia, el cuestionamiento y la negación o la mixtura, que son las tres formas posibles de actuar en la caverna frente a
los dogmas heredados: aceptarlos, cuestionarlos, o disolverlos en el fondo de
lo múltiple, donde palpita el pensamiento único, que es la estructura en la que
el dogma viene a mutar en la actualidad, inundando de un aire espectral sus
galerías.
La caverna puede construir sus propios dogmas porque la esencia del dogma es lo que precisamente ha perdurado en el tiempo, vaciándose. Ese esqueleto es el que suelen vestir los porteadores de sombras de múltiples formas y con los ropajes más extravagantes. En la religión el dogma es lo sagrado, lo revelado, pero en la cultura desacralizada no es más que un axioma matemático y con sus mismos rasgos: un postulado, algo que en la deducción no puede cuestionarse. Matemática y dogma son una y la misma cosa en el s. XXI, pero el dogma por excelencia de este siglo puede encarnarse en múltiples realidades para dar apariencia de multiplicidad, de polifonía, cuando en realidad no hay más polifonía que el propio axioma que continuamente se llena y se vacía sin cesar.
Desde los estatutos de un partido político hasta las reglas de cualquier
juego son postulados, incluso las constituciones, las leyes, la poesía, el arte
mismo y los movimientos artísticos como el surrealismo o el dadá, no son más que un
aspecto concreto de la multiforme encarnación del dogma por excelencia: el
axioma, la cifra, el cálculo. La pluriforme e infinita multiplicación rizomática del
axioma, que en la caverna ya se ha vaciado de toda universalidad, de ahí que pueda
ser postulado ad hoc, de ahí que la
regla pueda medir diferentes distancias en función del espacio y las
circunstancias, de ahí que la poesía no comunique esencias, el lenguaje se
vacíe, los deícticos señalen al interior de una hueca grafía y los valores no
apunten a ningún dios.
Es posible que este virus y sus réplicas no sean más que las
consecuencias de un axioma, para nosotros desconocido, pero cuya cadena
deductiva actualmente se está encarnando en todo el mundo hasta que la fórmula
llegue a completarse totalmente y, socialmente encarnada, cumpla sus
presupuestos, cuyo sentido nosotros solo podremos conocer parcialmente a posteriori, pues hasta ahora nos resultan absolutamente desconocidos.
Ni yo ni mi gato queremos saberlo. Me conformo con habitar los espectros de algunas galerías de esta cueva que hemos llamado cultura y perderme en el laberinto de sus corredores, sin ser capaz de mirar el orden fractal de lo bello en un árbol y ver en cambio solo un ser que muta, crece y llega a su plenitud sin que lo corten y lo conviertan en un taburete de Ikea o en simples folios.
Eso que llamamos sentido solo es posible conocerlo
mediante las formas,
siempre que estas no se conviertan en sombras o simulacros
y dejen de brillar, transformándose en espectrales reflejos de lo humano y
ocaso de lo divino.
Pero no hay que temer, pues esto solo sucede cuando el hombre quiere
transformar en ley trascendente algo tan radicalmente humano como su viaje a
los abismos de la naturaleza, donde solo habita el dios del instinto, individual o
colectivo.
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| Fractalidad en Escher, Desarrollo II (1939) Volver a Salir de la caverna |












