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26/06/2021

Polaridad

En un mundo fenoménico, donde las sombras y los simulacros no son trascendidos, cada sujeto se queda encerrado en el espectro de su fenómeno en cada acto de conocer, por lo que el mundo que se considera real se polariza, quedando sesgado en la imagen parcial que cada sujeto asume construyéndola, o simplemente reflejando aquello que los porteadores de sobras les proyectan. Para alcanzar la unidad, la síntesis, es preciso trascender todas las posiciones fenoménicas, cosa que en la caverna raramente sucede, no obstante, algunas personas lo consiguen o, al menos, lo intentan.

Por esta razón, la caverna es un lugar polarizado, pero esta polaridad, en el fondo, no es más que una apariencia, donde el sujeto parece reconocerse, la polaridad misma debe existir como simulacro, pues solo desde lo múltiple es posible la diseminación del yo en el discurso o en las proyecciones. Debe ser de esta forma porque la glosodoxa se nutre precisamente de las consecuencias y resultados de la contradicción, no es más que un discurso sin fin producido por los sujetos, en tanto que recipientes de una forma concreta de decir que se opone a otras. No hay verdad en los opuestos en la actualidad, aunque posiblemente antaño la hubiese, pero ahora hay solo apariencia, la glosodoxa es la dialéctica deconstruida, vaciada y proyectada hasta el infinito. En la caverna la síntesis es negada y no llega nunca a realizarse, quedando los sujetos encerrados perennemente en sus posiciones fenoménicas. Esa síntesis, en todo caso, no corresponde al individuo, sino a ciertos agentes productores de discursos para los que los sujetos no son más que meras mediaciones materiales para proyectarlos o reflejarlos.

La individualidad solo persiste en el arte, en el resto de galerías, el sujeto no es más que la dimensión material del discurso, su soporte corpóreo. Solo el artista es capaz de construir sentido, o el científico de transformar en fórmula la experiencia, el resto de los individuos se limitan a reproducir el discurso, por esta razón, nada nuevo puede ser dicho en la caverna por un hombre concreto, solo por los agentes de sentido. Entre los sujetos no hay más que polaridades no resueltas que conducen a una oposición eterna, a un enjambre de fuerzas que pueden ser conducidas de un lugar a otro de la caverna sin mayor esfuerzo y que suplantan las identidades, son pseudoidentidades fluyentes. Siempre que se conozcan los detalles de la oposición que hay entre ellas, se puede detonar su conflicto cuando convenga, en cualquier momento, en cualquier galería.

Por esta razón, el único individuo que puede llamarse así plenamente es el artista, el único que puede llegar a ser plenamente sujeto y ser capaz de construir sentido trascendiendo la cadena de apariencias, superando los opuestos. En la caverna sucede de esta forma porque el mundo fenoménico actúa como una especie de filtro que absorbe la luz que no puede trascender la opacidad de los fenómenos, quedando relegada a simple sombra. La identidad como tautología y como síntesis fenoménica, el reflejo en el espejo, es cada vez más inalcanzable. Nos miramos en una infinidad de espejos y pasaríamos toda nuestra vida recomponiendo todos los reflejos, es una tarea imposible, que solo se alcanza construyendo una imagen y anulando los reflejos y las proyecciones fenoménicas. El yo está escindido en la cultura de la imagen, la imagen misma como forma de conocer lo ha acabado suplantando y convirtiendo en observador pasivo, su cuerpo no se cuestiona, pero su alma puede ser un simple almacén fenoménico, donde las imágenes y los discursos se superponen de forma caótica y amorfa. Al cortar nuestra relación directa con lo natural, cortamos también, sin darnos cuenta, el hilo del yo, lo hicimos hace tiempo, tres siglos hace ya de eso. El pastor heideggeriano es el hombre que quiere retomar ese hilo, pero no se puede desmontar ya el edificio, posiblemente solo podamos observar cómo se va derrumbando poco a poco.

Solo los artistas y los animales, como mi gato, son plenamente, unos por inconsciencia y otros por hiperconsciencia, el resto tenemos que hallar nuestra identidad tras una multitud de apariencias fenoménicas, de imágenes con las que nos identificamos y en las que a veces quedamos atrapados sin saberlo, como en una especie de maraña o tejido de fenómenos que a veces solo muestran tras de sí el vacío. Tras el flujo infinito de imágenes y fenómenos se halla posiblemente el yo, o un simulacro, debe haber algo tras los cúmulos fenoménicos que somos. En la Grecia clásica el yo era la célula de un organismo, en la actualidad es un cúmulo de reflejos polarizado en las miles de proyecciones de las imágenes que consume. Mi gato a esta hora dormita, tiene un cojín especial para él en un sillón antiguo. Le gusta estar en alto. La cama de cómic que le compré no es de su agrado, prefiere levitar a medio metro del suelo.  

Mariana in the South (1897), John William

29/05/2021

Cuerpos

Occidente lleva obsesionado con la salud del cuerpo desde el siglo diecinueve, momento en el que nace, bajo el auspicio de los planes estatales para la mejora de la calidad de vida, lo que hoy conocemos como sanidad pública, que al mismo tiempo puede ser el germen de lo que en estos días denominamos biopolítica. Posiblemente liberalismo y biopolítica sean las dos caras de una misma moneda, cuyos contornos han estado difuminados y no podemos ver correctamente definidos hasta estos momentos.

Los griegos también se preocuparon por el cuerpo, pero no descuidaron lo anímico, de hecho Platón subrayó el papel central del alma, pero del alma como ratio, frente al equilibrio armonioso de sus contemporáneos, que se deleitaban en la gimnasia y las hermosas proporciones del cuerpo humano como reflejo material de la belleza. El alma de Platón es un alma matemática, objetivante, depuradora. Lo corporal fenoménico es justamente lo opuesto a la fórmula racional descarnada, o mejor dicho, su simulacro, su sombra.

Al desechar lo mítico, se desechó también la preocupación por lo anímico, que quedó relegada a las artes y la razón, junto al largo camino que esta habría de recorrer, se convirtieron en los principales protagonistas de nuestra historia. Una razón descarnada, matemática, sin sujeto. Una razón objetiva, cuyo motor es el bienestar y el progreso de la humanidad, pero que en su transitar por la historia del hombre modificó su viraje. Solo una razón sin sujeto pudo convertir al sujeto en cosa.

El alma es la parte más delicada del cuerpo y hay que cuidarla. Nuestra sociedad desprecia lo anímico y reduce el cuerpo a fórmula o a fenómeno, bajo la apariencia de la absoluta veneración de lo corporal en su imagen física y en su conocimiento. No hay cosa más venerada que el cuerpo humano y al mismo tiempo, no hay mayor objeto que el cuerpo reducido a cosa, absolutamente cosificado. Los mecanismos gnoseológicos que reducen el cuerpo a fenómeno y a fórmula son, posiblemente, la esencia racional de la biopolítica, que encuentran su manifestación social en el liberalismo y en la degeneración de los ideales ilustrados y en ellos se encarnan. Siglo y ratio son una y la misma cosa, ya lo decía Hegel.

La transparencia del conocimiento reduce el cuerpo a fórmula, a secuencia genética, a sistema de medida, no solo el humano, sino el de todo ser vivo o inerte. La fórmula reduce el cuerpo a cosa que padece, con mayor o menor empatía hacia ella y mediante el juramento, promete aliviar su dolor para hacer su vida más próspera y agradable, e incluso alargarla hasta la eternidad misma, que es lo que el ser humano ansía en la materia, vencer la muerte, alcanzar la (in)mortalidad. A grandes paradojas humanas nos conduce.

La transparencia de lo fenoménico hace que los cuerpos se mercantilicen totalmente desacralizados en la televisión, el cine y la publicidad para ser devorados por el ojo humano. Forman parte del mercado de objetos que normalmente consumimos en la caverna como fenómenos y únicamente conservan cierta sacralidad en las iglesias y los museos. En la caverna lo fenoménico es una forma de alimento, como cualquier comida que hacemos a lo largo del día. Consumimos cuerpos transformados en fenómenos. Las redes sociales convierten nuestra vida en álbum de fenómenos consumibles, en imágenes que pretenden alcanzar la eternidad de la Monna Lisa en el infinito fluir temporal del instante de ser, entidad o absoluto, que solo unos cuantos likes pueden proporcionarles, unidas al flujo infinito de lo corporal-fenoménico en el hipertexto. Así se construyen las identidades, en las galerías fenoménico-cosificadoras de la caverna, traducidas a redes sociales, donde los cuerpos se cosifican reduciéndose a construcciones fenoménicas que se muestran para ser consumidas visualmente en un fluir temporal infinito. Todos los medios de comunicación de masas convierten lo corporal en imagen para ser consumida o imaginan la realidad, narrándola, para ser proyectada en los lienzos de coltano, reducidas a discurso, glosodoxa.

La obsesión de lo visual transforma en Occidente todo lo corporal en fenómeno para ser consumido por la mirada. Esta obsesión trasciende con creces el ideal griego de la belleza corporal como reflejo del equilibrio y la simetría de las proporciones y se consuma en la reducción de lo corporal y lo vital a puro dato, a fórmula simple, mediante la cual pueden reducirse los cuerpos, vidas privadas, intimidades y sexualidades a puras cosas para ser consumidas en un programa de televisión como algo absolutamente normal y al mismo tiempo grotesco, de lo que nadie jamás se escandalizaría ni cuestionaría su porqué. Ante ojos ávidos de imágenes y oídos expectantes de intimidad, la vida y el cuerpo del sujeto se reducen a cosa para ser consumida y devorada por el coro, el público, la audiencia, cual banquete totémico de fenómenos. Platón ya nos avisó de los peligros del cuerpo, pero no quisimos oírle. Vigorexia e hipocondria, junto a bulimia y anorexia, son los padecimientos que el culto al cuerpo y su objetivación y consumo producen en el ser humano, los reflejos del canon de lo fenoménico, del progresivo proceso de matematización y objetivación de lo corporal, que en algunos casos solemos llamar belleza. A esta belleza matemática y proporcionada se opuso el cubismo, o posiblemente no hizo más que descomponer la imagen en todas sus aristas posibles, creando la distorsión de lo multifocal, mostrando la mirada desde los más diversos ángulos desde los que una cosa o persona puede ser vista. La tarea del siglo veintiuno será recomponer al hombre, que se ha ido dividiendo en cubos a lo largo de la historia de la razón, ensamblar lo que racionalmente separó y descompuso.

Hoy me han puesto la segunda dosis de AstraZeneca. Por el camino, mientras ya me había colocado en la fila de coches en la que administrarían esa vacuna, iba leyendo si era más idónea para mi cuerpo que la de Pfizer, que pondrían a los coches de la fila de enfrente. Margarita del Val me ha confirmado a posteriori que posiblemente mi decisión fuera la correcta. Igual dentro de algunos años nos enteramos. Me hubiera gustado que hubiera sido de otra forma, pero en la caverna no tener información relevante y tener demasiada son cosas sinónimas y ambos extremos son consecuencias de la glosodoxa.

La glosodoxa puede transformar nuestra libertad en un espejismo, en un gesto irrelevante como cualquier gesto cotidiano o en una libertad microbloqueada, que ante cualquier decisión se tiene que enfrentar a una vorágine gráfica incomprensible. Me estaba preguntando si al final mi gato no va a ser más libre que yo, al menos en estos momentos tiene mucho más claras sus pautas de acción, aunque no sepa quién o qué dirige sus acciones, pero él sigue durmiendo plácidamente en su cojín sin que ningún problema humano pueda perturbar su feliz ronroneo.

René Magritte, El falso espejo (1928)

22/05/2021

Inmunidad

Poco a poco vamos alcanzando eso que los expertos han llamado “normalidad”. La normalidad no es otra cosa que volver a la situación anterior al virus, o a una circunstancia vital lo más similar posible. Para ello todos los investigadores de las grandes empresas farmacéuticas y de la sanidad pública y privada han trabajado estos meses hasta alcanzar un antídoto que pueda conducirnos de nuevo a ella.

Ellos no conocen fenoménicamente, como imagen, sino de forma absolutamente transparente. Ellos conocen la fórmula y conocen como fórmula, ambas cosas. La fórmula siempre trasciende lo fenoménico, es su depuración última, a ella queda reducida la multiforme danza de los espectros, de las imágenes. La fórmula es la codificación del más arcano misterio de lo humano y su relación con el afuera. Quien conoce la fórmula tiene plena visión de una porción del todo, por esa razón, conocer como fórmula es conocer como cálculo, con exactitud, sin errores ni erratas, con la perfección y la divinidad de la matemática, axiomáticamente. 

Toda la humanidad depende de una fórmula para sobrevivir, para desarrollar los anticuerpos que nos hagan inmunes y que así podamos continuar viviendo después de este stand by universal. Son los grandes expertos de la caverna, los únicos que pueden hacernos salir de nuevo a la luz de las paredes de nuestras casas, humedecidas por las últimas lluvias, que este año se han prolongado solapando el invierno con el verano. La fórmula es el salvoconducto a la normalidad que todos deseamos: la normalidad de las colas en el supermercado, los atascos de tráfico, las aglomeraciones en los centros comerciales, los conciertos repletos de jóvenes en plena efervescencia inconsciente, los viajes de un lado a otro, las tapas en el bar con los amigos, la cerveza al salir del trabajo el viernes a mediodía para celebrar la llegada del fin de semana, las festividades, las romerías y los cultos. En definitiva, la normalidad no es otra cosa que volver a los rituales y rutinas que teníamos antes de que llegase el virus, a los mecanismos humanos prevíricos.

La normalidad en la caverna puede ser comparada con una visita al Ikea: empiezas a mirar y a dar vueltas, te pierdes, tomas un café y vuelves al principio de la ruta, ves muchas cosas que no tenías previstas, abres algunos armarios y cajones, te sientas en una silla de escritorio para probar si aguantarías sobre ella ocho horas seguidas, descorres la cortina de la ducha, mientras te llevas un peluche, cuatro tuppers, tres marcos, dos posavasos y tres sujetalibros hasta que -por fin- alguien te habla de un sendero, una especie de pasadizo para llegar al lugar que estabas buscando desde el principio y has tenido que dar todo ese rodeo para llegar a un lugar al que hubieras llegado mucho antes y en el que supuestamente ya vivías: la normalidad.

En menos de un año ya tienen la fórmula de la inmunidad, la fórmula de la vida: la vacuna. Con ella se inició hace unos meses un proceso sanitario sin precedentes en la historia de la humanidad, la vacunación masiva a nivel mundial, la inoculación de la fórmula que nos hará inmunes a un virus que muta sin cesar para alcanzar la inmunidad del rebaño. El virus ha transformado a la humanidad en un rebaño. Nos hemos vuelto tan gregarios que lo absolutamente interno e íntimo, que es la salud, se ha convertido en un problema político sin precedentes. Es posible que debamos cuestionarnos nuestro gregarismo. En la sociedad postvírica sólo en el arte emerge lo subjetivo, para absolutamente todo lo demás necesitamos colaborar y comunicarnos con nuestros semejantes. En la caverna el artista, el creador de imágenes, es el que representa el polo subjetivo, mientras que los expertos, los que conocen la fórmula, son los que encarnan la objetividad y la mathesis. ¡Qué paradoja! Platón pretendía echar al neófito sujeto de la caverna, al recién llegado, al invitado de honor. No sé si lo habrá conseguido, nuestro gregarismo lo dirá. Estoy encantada de ser una más en este mundo de humanos fabricados en serie, pensados por otros, precocinados.

Mientras chispea, mi gato ya se ha subido en tres cojines distintos, es posible que crea estar en el Ikea y los esté probando todos. Mueve levemente las orejas cuando lo llamo, pero continúa dormitando. Solo han caído unas gotas, las macetas no tendrán suficiente con ellas y habrá que regarlas. Los humanos tenemos flores en casa para recordar que una vez vivimos en medio de ellas, no solo para decorar, es una reminiscencia del afuera.

Vincent van Gogh, Lirios (1889)

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15/05/2021

Laberintos

La caverna es un laberinto plagado de minotauros. Todo, absolutamente todo lo que hay dentro, está construido a partir de sombras fenoménicas, que son tomadas por los iniciados como lo verdadero, y en parte lo son. Las sombras, espectros de lo real, cristalizan a partir de fenómenos perceptuales condesados en el tiempo y en el espacio desde siglos remotos. En ese proceso se transforman en imágenes, que a veces solo parecen mostrar vagamente lo que acaece en alguna de las galerías pero, en realidad, cualquiera de ellas tiene un fondo de espejos proyectados hasta el infinito, hasta los confines de la humanidad. Aunque la superficie solo parezca mostrar lo que sucede en el tiempo presente o inmediatamente anterior, la imagen es el jugo de los siglos materializado en esos espectros de significado, que pueden adoptar cualquier soporte, desde la piedra a los píxeles.

Las imágenes no son planas y bidimensionales como las sombras chinescas, aunque algunas lo sean desde el punto de vista de su soporte material, sino mucho más densas y complejas: a veces proyecciones, a veces reflejos y condensaciones. Algunas se replican como ecos, otras se disuelven como humo, o queda de ellas un espectro mortecino que nos acompaña sin ser percibido claramente porque se han difuminado en el tiempo. Por definición y al esconder su fondo, la imagen es en sí misma paradójica, su esencia es multiforme y poliédrica. Su superficie solo refleja una especie de síntesis lumínica y colorida de un proceso complejo, en el que la forma material es simplemente su manera de darse, de aparecer, el soporte sensorial que necesita para hacerse carnal y ser percibida y así poder transformarse en discurso. Rocas terrosas de espejos son los enveses de sus infinitos abismos, que laten sedimentadas tras la capa superficial. ¡Quién lo diría! Cada imagen es una especie de túnel a las profundidades humanas y la caverna está compuesta de miles de ellas. En ellas podemos perdernos por toda la eternidad, o simplemente fluir hilvanándolas como en un collar de luminosos y vistosos colores para nuestra retina. Como tejedores de imágenes construimos nuestro mundo.

Ciertamente Platón no era más que un ingenuo, en su tiempo, precisamente fue él uno de los primeros artífices, la imagen ya se había transformado en discurso, pero el poeta, el artista, el músico, el escultor y el arquitecto, eran los más perfectos ejecutores de algo que estaba escrito en las profundidades de lo humano: conocer y transformar la realidad mediante la creación de imágenes. No podemos expulsar al artista de la caverna porque el artista es la caverna. Platón, más que expulsar al artista, lo replicó, creando la metáfora del lugar donde estos habitan por siempre.

Salir a la luz es la metáfora de la liberación de la a-gnosis claustrofóbica que supone recorrer los angostos pasillos de la caverna con su saturación de imágenes, todas ellas laberínticas, rizomáticas. La caverna es un laberinto plagado de laberintos, donde la única forma de orientación es el conocimiento, cuyos productos son la imagen o la fórmula, ambas con la función de medios y fines al mismo tiempo. En la caverna la a-gnosis es al conocimiento lo que la glosodoxa al discurso y ambas se producen por saturación, como la materia de los agujeros negros. De forma similar, atrapan la luz de lo verdadero y la acaban proyectando en mil haces de discurso, o difuminando en miles de imágenes, cuyos fondos laberínticos desconocemos.

Las imágenes se replican, duplican y comportan como un virus, de hecho, estas necesitan de la materia gris humana para replicarse y a veces saturan la caverna de la misma forma que el virus que nos invade puede saturar las células de nuestro cuerpo y hacerlas enfermar. Es posible que no haya tanta diferencia en el fondo entre las imágenes, la proliferación descontrolada de discursos y palabrería y el virus que nos asola.

Salir a la luz es la metáfora de la liberación de la cadena fenoménica de imágenes y discursos, de la a-gnosis claustrofóbica que supone recorrer los angostos pasillos de la caverna, que conducen al fondo de la desesperación, la inconsciencia o el letargo. Salir a la luz es un imposible, solo podemos hacer brillar la luz dentro, es incluso posible que no haya luz más allá. El hombre, nómada de las galerías fenoménicas de la caverna, solo puede vagar por ellas largo tiempo si recurre a lenitivos gnoseológicos, fenoménicos o materiales, más o menos fungibles, que acrecienten su evasión o le produzcan un reencuentro con lo natural, como es el caso de mi gato, cuyo simple dormitar y maullar, me recuerdan que hay un afuera y que éstas no son las únicas paredes que puedo habitar. En ese momento, transito a otro laberinto, de una imagen a otra, como si mi mente cogiera un autobús. Posiblemente, algún afortunado encuentre el hilo de oro de alguna religión que le salve del infinito laberinto de los fenómenos y lo conduzca al paraíso.

Paul Gauguin, Paisaje haitiano (1891)

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08/05/2021

Transparencia

Cuando el dogma se transforma en axioma todo se vuelve visible, pero no fenoménicamente, como imagen, sino absolutamente transparente, como fórmula. Ese grado de visibilidad como transparencia no es accesible a cualquier habitante de la caverna, sino solo a aquellos que son capaces de ver las manos constructoras, la intervención del hombre en la naturaleza, cada vez mayor desde el origen de su existencia, en esa lucha por transformar el azar en cálculo que hemos llamado técnica; hasta el punto de que el más leve pestañeo pueda ser predecible y el mundo entero quede petrificado como una escultura en movimiento de rotación y traslación, como dios parmenídeo: los ritos se mecanicen vaciándose de sentido, las frases de amor se repitan como tópicos, los patrones de conducta como cromos y los arquetipos se muestren especularmente proyectados hasta el infinito en las pantallas de coltano.

Manos constructoras como enjambres, que se afanan en pintar el mundo hasta el último resquicio, el de la fórmula matemática que, en este caso, se encarna en la materia como la fórmula biológica de un virus. Lo han llamado "coronavirus" por su aspecto de microscópico erizo proteínico y proteico.

Platón supo describir arquetípicamente el mundo en el que vivimos, de ahí que su alegoría haya perdurado en el tiempo, al adoptar la forma mítica. Su caverna, la cueva en la que vivimos, puede dividirse en estadios en función del nivel de conocimiento alcanzado por el iniciado y su relación con el mundo material que lo absorbe. Todos debemos salir a la luz algún día. El proceso es complejo y los obstáculos, materiales, sociales y psicológicos, infinitos. Es posible que tal luz no exista y fuera de la caverna no haya más que la crueldad y la belleza de lo natural en su estado salvaje, la humanidad sentada frente a la naturaleza, jugando al ajedrez frente al caos y el devenir en sus más de treinta mil años de historia.

La transparencia es la fórmula, la adquisición del mayor grado posible de autoconciencia en el mundo que habitamos, el despertar del mundo fenoménico y trascenderlo, rompiendo las cadenas de la multiplicidad de imágenes y discursos que se replican en la cueva y nos invaden y atrapan constantemente con sus cepos.  

La transparencia es la libertad. En la caverna solo se es libre trascendiendo progresivamente lo fenoménico, siendo plenamente conscientes de que la fórmula misma es un discurso, el discurso de Occidente por excelencia. Por definición, no hay ningún prisionero libre, es un contrasentido, siempre somos esclavos de algo en la cueva, lo importante es saber que lo somos y de qué, descubrir nuestra propia condición de esclavos e identificar cuál es la sombra fenoménica que nos subyuga.

Solo los animales son libres, hijos de la naturaleza, a ella nunca desobedecen, mientras el hombre, conducido por eros, se afanó en construir la cultura en radical oposición, y a veces negación y olvido, de su esencia. Mi gato vive feliz, absolutamente inconsciente, dormitando por todos los cojines de la casa, obedeciendo a la vieja y sabia naturaleza sin saber que lo hace, mientras el hombre tiene que disputarle su libertad, perdido en el laberinto de los fenómenos, los espejos, los discursos, los arquetipos y las proyecciones.

Teseo y el minotauro (1959), ilustración de Alice y Martin Provensen
En The Golden Treasury of Myths and Legends de Anne Terry White

01/05/2021

Dogmas

En la caverna no existen los dogmas. Estos no son más que un recuerdo del pasado, sobre todo los morales, ya lo decía Nietzsche y tiene su sentido. La caverna es un lugar que construye sus propios dogmas, que nada tienen que ver con las creencias y las tradiciones a las que algunos seres humanos estamos acostumbrados desde antaño. 

Todos los dogmas de la caverna son construcciones ad hoc que suplantan y suplantarán toda creencia y tradición mediante la tolerancia, el cuestionamiento y la negación o la mixtura, que son las tres formas posibles de actuar en la caverna frente a los dogmas heredados: aceptarlos, cuestionarlos, o disolverlos en el fondo de lo múltiple, donde palpita el pensamiento único, que es la estructura en la que el dogma viene a mutar en la actualidad, inundando de un aire espectral sus galerías.

La caverna puede construir sus propios dogmas porque la esencia del dogma es lo que precisamente ha perdurado en el tiempo, vaciándose. Ese esqueleto es el que suelen vestir los porteadores de sombras de múltiples formas y con los ropajes más extravagantes. En la religión el dogma es lo sagrado, lo revelado, pero en la cultura desacralizada no es más que un axioma matemático y con sus mismos rasgos: un postulado, algo que en la deducción no puede cuestionarse. Matemática y dogma son una y la misma cosa en el s. XXI, pero el dogma por excelencia de este siglo puede encarnarse en múltiples realidades para dar apariencia de multiplicidad, de polifonía, cuando en realidad no hay más polifonía que el propio axioma que continuamente se llena y se vacía sin cesar. 

Desde los estatutos de un partido político hasta las reglas de cualquier juego son postulados, incluso las constituciones, las leyes, la poesía, el arte mismo y los movimientos artísticos como el surrealismo o el dadá, no son más que un aspecto concreto de la multiforme encarnación del dogma por excelencia: el axioma, la cifra, el cálculo. La pluriforme e infinita multiplicación rizomática del axioma, que en la caverna ya se ha vaciado de toda universalidad, de ahí que pueda ser postulado ad hoc, de ahí que la regla pueda medir diferentes distancias en función del espacio y las circunstancias, de ahí que la poesía no comunique esencias, el lenguaje se vacíe, los deícticos señalen al interior de una hueca grafía y los valores no apunten a ningún dios.

Es posible que este virus y sus réplicas no sean más que las consecuencias de un axioma, para nosotros desconocido, pero cuya cadena deductiva actualmente se está encarnando en todo el mundo hasta que la fórmula llegue a completarse totalmente y, socialmente encarnada, cumpla sus presupuestos, cuyo sentido nosotros solo podremos conocer parcialmente a posteriori, pues hasta ahora nos resultan absolutamente desconocidos.

Ni yo ni mi gato queremos saberlo. Me conformo con habitar los espectros de algunas galerías de esta cueva que hemos llamado cultura y perderme en el laberinto de sus corredores, sin ser capaz de mirar el orden fractal de lo bello en un árbol y ver en cambio solo un ser que muta, crece y llega a su plenitud sin que lo corten y lo conviertan en un taburete de Ikea o en simples folios.

Eso que llamamos sentido solo es posible conocerlo mediante las formas,
siempre que estas no se conviertan en sombras o simulacros
y dejen de brillar, transformándose en espectrales reflejos de lo humano y ocaso de lo divino.
Pero no hay que temer, pues esto solo sucede cuando el hombre quiere transformar en ley trascendente algo tan radicalmente humano como su viaje a los abismos de la naturaleza, donde solo habita el dios del instinto, individual o colectivo.

Fractalidad en Escher, Desarrollo II (1939)

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15/02/2021

UD1: Somos personas

UD1: SOMOS PERSONAS

¡Hola a todos! 

LLevo unos días trabajando para crear un cuadernillo de actividades para la asignatura de Valores Éticos de 1º ESO que pueda ser útil tanto a profes como a estudiantes. Basándome en el libro de Valores Éticos de 1º de la ESO de la editorial Vicens-Vives, he elaborado este .pdf interactivo con teoría, actividades y juegos que en breve convertiré en un eXelearning. Os dejo una presentación, un .pdf con la hoja de ruta y los juegos que he elaborado para trabajar los principales conceptos. 

Espero que os sea de utilidad ;)


  • Video resumen:


  • Hoja de ruta:

  • Unidad didáctica: Cuadernillo interactivo:

  • Presentación Canva: 
14x14_UD1_Somos personas de Nuria García Mairena


  • Juegos interactivos de la unidad: 
  • Actividad 3: Juego interactivo_Personas, animales, cosas


  • Actividad 11: Juego interactivo_Mi retrato robot                       
Test creado con GoConqr por Nuria García Mairena

  • Actividad 13: Juego interactivo_¿Qué siento?

  • Actividad 17: Juego de síntesis_Kahoot del tema

  • Actividad 18: Juego de síntesis_Ruleta de las palabras


02/01/2021

L'Atalante: Romanticismo y crítica social. Estudio sobre la obra de Vigo y la música de Jaubert

 

Atalanta: Romanticismo y crítica social. Estudio sobre la obra de Vigo y la música de Jaubert

 

1. CONTEXTO SOCIOPOLÍTICO DE LA EUROPA DEL S. XX: UNA EUROPA CONVULSA

La infancia de Jean Vigo (1905-1934), así como las actividades de su padre, el anarcosindicalista Miguel de Almereyda, se desarrollaron durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Este momento histórico se caracteriza por la caída de las dinastías imperiales, hecho que va a producir cambios en la pirámide social. La Revolución Bolchevique de 1917 -justo el mismo año en que asesinan a Almereyda- la culminación de la Revolución Industrial, que con el desarrollo de la ciencia y la técnica va a hacer posible el surgimiento del capitalismo de producción, el avance en las comunicaciones (la telegrafía, la telefonía -de la cual surgirá el fonógrafo y los micrófonos que se utilizarán en el cine sonoro- las líneas ferroviarias, etc.) y un ligero crecimiento demográfico, a pesar de dos guerras mundiales y un genocidio -entre otros factores- generaran lo que Ortega y Gasset va a denominar en 1930 sociedad de “masas”[1]. Estos acontecimientos históricos hacen posible una explicación de los fenómenos sociales del s. XX según la tensión dialéctica entre minoría / masa, que sería también extrapolable al plano cultural, siendo el cine uno de sus productos artísticos por excelencia, según se afirma en la Dialéctica de la Ilustración[2] de Adorno y Horkheimer.

Desde el punto de vista cultural, cabe destacar como uno de los acontecimientos fundamentales del s. XX el surgimiento de las primeras vanguardias estéticas: Joyce, Mann y Proust en literatura, el cubismo de Picasso y el abstracto de Kandinsky en pintura, Stravinsky y Debussy en música, suponen una ruptura con la tradición, el surgimiento de nuevos lenguajes y una crítica a los valores establecidos desde el arte. De esta forma, el arte del s. XX asume las funciones del pensamiento, de la filosofía, haciéndose reflexivo, crítico, reivindicativo y, sobre todo, autónomo y consciente de sí. Podríamos decir con Ortega y Gasset que en el s. XX «La estética es una cuestión política»[3]. El arte del s. XX se anticipa a la postmodernidad y entre todas ellas, principalmente, el cine. No sólo por resultar la síntesis de todas las artes, ni porque se desarrolle de forma paralela a las Vanguardias, sino porque, como diría Benjamin[4], es el modelo de arte en la era de su reproductibilidad técnica, representa la esencia del arte de una sociedad industrializada.

El cinematógrafo, hijo de las vanguardias y de la técnica es un “centauro artístico”, que tras su afianzamiento narrativo en 1920 y bajo la protección de los gobiernos de las Repúblicas y los Frentes Populares, hace posible la ruptura de la tensión dialéctica entre arte popular y arte culto descrita por Adorno y Horkheimer, convirtiéndose en un instrumento de crítica social y de formación de las masas sin menoscabo de su calidad estética. En respuesta a ciertos acontecimientos históricos -como la emergencia de los totalitarismos- y debido a la doble inculturación del cinematógrafo en Europa -a través de las culturas populares nacionales y de las Vanguardias- se produce en la Europa de entreguerras un brote de cine social, primando el carácter creativo y pedagógico del cine sobre su vertiente más comercial y espectacular, dirigida al ocio y el entretenimiento. O dicho de otro modo: debido a las peculiares características de la cultura y la industria europea, se genera una simbiosis entre cine comercial, creativo y socialmente comprometido, acortándose las distancias entre cine comercial y cine de autor.

En el plano musical, este contexto posibilita la colaboración entre compositores autónomos y realizadores autoriales[5], que dotan al cine de este periodo de gran calidad musical y estética, tratándose al mismo tiempo de un cine comprometido, que pretende ser crítico con la realidad social y los valores vigentes. Un cine que es social no sólo porque refleje la realidad del momento y sea crítico con ella, sino también, porque es adoptado como forma de expresión de sindicatos, organizaciones de izquierda, cineastas comprometidos políticamente, asociaciones obreras, asociaciones para la cultura popular, etc.[6]. Es decir, el cine se convierte en forma de expresión de ese nuevo estamento social que surge en el s.XX: las masas.

Esa laxa estructura industrial europea debida a las fronteras nacionales y lingüísticas y a la depresión económica de posguerra, así como los acontecimientos sociales y políticos, hacen posible la emergencia de unos espacios de creación donde desde el punto de vista de la realización no se establecen fronteras entre un cine comercial, autorial y social, como tampoco se establecen -desde el punto de vista de la composición musical- entre música autónoma, música popular y música de cine[7]. Una de las parejas creativas más importantes de la Francia de los años treinta es la constituida por Jean Vigo y Maurice Jaubert, cuyo breve recorrido hemos estudiado modestamente y pretendemos exponer en este trabajo.

Si trazáramos un mapa de Europa y quisiéramos describir la trayectoria del cine socialmente comprometido a través de las escuelas nacionales, podríamos considerarlo como un río que nace en la U.R.S.S. y recorre Europa de Este a Oeste pasando por Alemania y Francia para desembocar por último en Italia, donde a través del Neorrealismo lleva a cabo una «ética de la estética»[8], que supone la radicalización de los presupuestos establecidos por Vigo para un cine social. A esta ola sólo le cortará el paso la emergencia de los fascismos: en Italia, con la llegada al poder de Mussolini se estableció la producción de «teléfono blanco», en 1935 se crea el Centro Sperimentale di Cinematografia y en 1937 los estudios Cinecittà en Roma. En Alemania, la toma del poder de Hitler en 1933 eclipsa el aura del expresionismo alemán y la Nueva Objetividad, promoviendo un cine trivial, escapista, dirigido al entretenimiento y propagandístico. En la U.R.S.S, la Revolución de 1917 deviene en la dictadura de Stalin y también se dan regímenes totalitarios en España y Portugal. La emergencia de los totalitarismos va a oscurecer el brote de cine social que se había dado en el periodo de entreguerras en la U.R.S.S y en Alemania.

En Francia, sin embargo, va a ser posible la permanencia de este cine, puesto que los nuevos directores de los años treinta –entre los que destacan principalmente Jean Vigo y René Clair- influidos por toda una tradición de cine realista, por la primera vanguardia impresionista y, en parte, por la surrealista; van a rescatar la tradición del documental social y del cine-ojo de Vertov –que en el caso de Vigo se combinará con la técnica del «montaje intelectual» de Eisenstein, que consiste en expresar ideas a través de la yuxtaposición de planos- y a propiciar el nacimiento de una nueva escuela, una nueva tendencia estética que se consolidará en torno a 1936, con la llegada al poder de la izquierda francesa del Frente Popular, que representa la reacción del pueblo francés ante la emergencia del fascismo: el realismo poético, encrucijada entre el documento / realidad-objetividad y el poema, de la que Vigo es precursor junto a Julien Duvivier, René Clair, Jean Renoir, Jacques Freyder, Marcel Pagnol y Jean Grémillon.

 

Vigo y Lydou en su apartamento parisino

Heredero de una tradición documental que hace énfasis en el montaje y del cine realista inmediatamente anterior, el realismo poético es crítico y social por el crudo retrato que hace de la clase obrera, de los conflictos sociales, de los problemas de la época (desempleo, migraciones, alienación, explotación y lucha de clases, pacifismo, antisemitismo, desintegración social...). De forma que el sujeto del cine es la clase trabajadora, aunque no necesariamente representada como colectivo, como ocurría en el cine ruso[9]. Pero, al mismo tiempo, al mezclar elementos documentales y ficcionales o poéticos, se produce una estilización de la realidad objetiva que la dulcifica o romantiza. El pesimismo que genera la conciencia social, se torna reivindicación y poesía a través de la postura crítica, de la mirada. El realismo poético, que según Truffaut sintetiza las dos corrientes dominantes en el cine - realismo y esteticismo- no consiste en la invasión del mundo real por el mundo de lo onírico, de lo subconsciente, como sucede en el surrealismo, sino en estilizar la realidad hasta conseguir hacer poesía de la vida cotidiana.

Según Strebel, dos son los factores que propician la emergencia de un cine social en la Francia de los treinta: el primero es la que tiene su correlato político en el gobierno del Frente Popular. Una muestra de ello es la creación en 1932 de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios, fundada por Vaillant-Couturier, Barbusse, León Maussinac y Francis Jourdain y constituida por los críticos George Sadoul, George Altman y Pierre Unik y por los directores Jean Lods, Man Ray, Jean Vigo y Luis Buñuel, que se pronuncia contra la intentona fascista de 1934 con un manifiesto que era una llamada a la unidad de todas las fuerzas obreras[10]. Este fue el último posicionamiento político de Vigo -que murió a los pocos días, a la edad de veintinueve años y tras el rodaje de L’Atalante, mientras, paradójicamente, se oía desde su apartamento la canción Le Chaland qui passe[11] interpretada por un músico callejero[12] - pues el primero tuvo lugar en 1930, con motivo de la presentación de su ópera prima, À Propos de Nice (1929), en el Vieux-Colombier de París ante un público vanguardista. En «Hacia un cine social», que fue el texto redactado para la ocasión, donde por primera vez Vigo teoriza sobre cine, pone de manifiesto - según Elisabeth Grottle Strebel- las líneas maestras del documental social, que es aquel que implica tomar una posición respecto a un asunto; pues para Vigo creatividad y revolución, arte y acción social eran indivisibles.

El punto de vista documentado conlleva «despertar otros ecos que no fueran los de los regüeldos de los señores y las señoras que van al cine para hacer la digestión»; es decir, supone decantarse por el compromiso social frente al entretenimiento, o como afirma Kracauer, usar la cámara como un arma, no como un anestésico. A través del objetivo Vigo proyecta una mirada crítica comparable, en nuestra opinión, a la reflexión filosófica, pero que al mismo tiempo posee un carácter simbólico y poético que singularizan su propio estilo. El otro factor que propicia la emergencia de este cine comprometido está relacionado con las características de la industria cinematográfica, que describiremos a continuación.

2. EN LA FRONTERA ENTRE EL MUDO Y EL SONORO

La producción de Vigo, así como la composición de Jaubert, pueden enmarcarse en el contexto del cine francés de los años treinta, el cine de posguerra o entreguerras, en el que se está produciendo la transición del mudo al sonoro. En Europa, a pesar de que los estudios Pathé y Gaumont habían liderado la producción mundial de cine hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, no se había podido consolidar una industria cinematográfica, debido a las fronteras nacionales y las diferencias lingüísticas -que también serán un impedimento para el desarrollo del cine sonoro- y esta situación se agudiza tras la crisis de posguerra. A causa de la depresión económica europea y de la sentencia del Tribunal Supremo americano de 1915, que declara ilegal el Trust de la Motion Pictures Patents Company, se impone el sistema de producción de los productores independientes, basado en el Studio System y el Star System[13]; gestándose así las primeras Majors, que van a acaparar el mercado internacional y acabarán implantando el sonoro.

Inglaterra era el país europeo de mayor afinidad idiomática con Hollywood, lo que lo convertía en el mayor mercado extranjero para sus talkies. Allí los realizadores empezaron a experimentar pronto con el sonido, entre ellos el novel Alfred Hitchcock, que dirigía una serie de estilizados thrillers para la British International Pictures y la Gaumont British y cuyo primer filme sonoro, Blackmail (1929), marcó el comienzo de la producción sonora en este país. En Francia, la Paramount creó en los suburbios de París los estudios Joinville en 1930, para la producción masiva de las versiones sonoras no inglesas[14] y la alemana Tobis-Klangfilm estaba instalada en Épinal desde 1929.

La introducción del sonoro a mediados de los treinta marcó una radical reestructuración de la industria cinematográfica condicionando la producción de un tipo específico de film,  el «mediometraje» y originando una segunda crisis en la industria francesa durante 1934-36: el capital invertido en la producción cinematográfica se redujo en dos terceras partes, 88 productoras independientes entraron en quiebra generando un gran déficit y la Pathé y Gaumont, que tras la guerra se había dividido en dos consorcios - Pathé-Natan y Gaumont-Franco-Film-Aubert - para hacer frente a la competencia alemana y americana, se declara insolvente[15].

En el panorama de la industria cinematográfica del momento contrastaba la producción masiva de Joinville, enmarcada en los cánones clásicos de Hollywood (M.R.I.) con películas de argumento estándar, contenido temático y viabilidad comercial, con las de pequeñas compañías independientes, que no producían más de cinco películas nacionales, pero que al no estar enraizadas en los cánones tradicionales de representación de la industria, permiten a los directores un espacio para experimentar con otros modelos, técnicas, estéticas, introducción de diálogos, sonido, etc. La escasez de medios -la industria francesa no había desarrollado una tecnología para la grabación sonora que pudiera distribuirse de forma comercial- y fondos, se paliaba gracias a la gran fuerza creativa de los realizadores, que eran auténticos artesanos que ponían en pie verdaderas obras maestras en las condiciones más austeras. En mi opinión, en el contexto de los años treinta, la industria no ofrecía una perspectiva muy halagüeña a los jóvenes directores, que tenían que abrirse camino con recursos propios y en circuitos alternativos (cineclubes) hasta que ésta les daba una oportunidad.

Tal fue el caso de Jean Vigo, que junto a su compañero, el operador de cámara ruso Boris Kaufman, hermano de Dziga Vertov, rodó aquello que sus escasas posibilidades le permitió: un documental sobre Niza, al que se le añade la coletilla de «punto de vista documentado» (point de vue documenté). El punto de vista documentado conlleva atrapar la realidad en su espontaneidad, la vida en su fluir: el movimiento, la gente, sus ocupaciones, los gestos, los cuerpos; para ello Vigo coloca una cámara oculta. Pero se da cuenta de la imposibilidad de filmar la realidad desnuda, no sólo porque entre la mirada y la realidad medie el objetivo, sino también porque toda mirada supone una perspectiva, un punto de vista: toda mirada es focal. La cámara crea la ficción, lo verosímil, es a la vez objetiva y estética. Vigo, que es consciente de la importancia del montaje, expresa a través del objetivo una idea, un punto de vista. El punto de vista de Vigo se manifiesta a través de su estilo, de tal forma que el sentido de la obra excede a las imágenes concretas y objetivas, no está en la realidad, sino en la forma de ser presentada, en la mirada y, por tanto, en la unidad de la obra.

Bailarinas a cámara lenta en À propos de Nice (1929)

En un curioso ensayo de 1914 nos dice Ortega y Gasset que el estilo es la forma que tiene el artista de desrealizar lo real: “El arte es esencialmente irrealización. Podrá, dentro del ámbito estético, haber ocasión para clasificar las tendencias en idealistas y realistas, pero siempre sobre el supuesto ineludible de que es la esencia del arte creación de una nueva objetividad nacida del previo rompimiento y aniquilación de los objetos reales[16]. Traemos a colación este pasaje de Ortega porque nos parece representativo de cómo a través de un intento de presentar la realidad de forma objetiva (documental sobre Niza), se puede manifestar un estilo que consiste en hacer poesía de las imágenes reales, estilizar la realidad hasta poetizarla, pues su objetivo es al cine lo que la metáfora a la literatura. Para ello Vigo utiliza recursos técnicos con finalidades expresivas, como por ejemplo: distintas velocidades de cámara para crear efectos poéticos –como cuando muestra las piernas de las bailarinas en Á Propos de Nice, los movimientos de Taris en el agua, que alterna ambas velocidades sincronizadas con el ritmo de la respiración, las imágenes subacuáticas de Taris que subrayan los torbellinos de burbujas que producen sus movimientos, la guerra de almohadones en Zéro de conduite, o la zambullida de Jean en el océano en L’Atalante- sobreimpresiones, efectos o trucos - el pájaro que aparece en la cabeza de Jean en L’Atalante- montaje del movimiento del revés, grabación de la música del revés, etc.

Guerra de almohadones a cámara lenta en Zèro de conduite (1933)

A pesar de todo, la carrera de Vigo refleja lo difícil que es expresar un punto de vista a través de un estilo en el contexto sociopolítico e industrial de la Francia de los años treinta: hacer un cine social supone ir contracorriente, ser considerado un rebelde y “como regla general los rebeldes no son populares en la industria cinematográfica, probablemente menos que en ningún otro sitio. Vigo fue un rebelde en dos sentidos: contra las fórmulas de la industria e, incluso más intensamente, contra el orden establecido[17].Vigo era visto como un revolucionario tanto en la esfera profesional y artística, como en la social y, por ello, sus filmes fueron mutilados y boicoteados tanto por las instituciones (censura) como por la industria: se obstaculizó la distribución de À Propos de Nice y L’Atalante, se censuró en su totalidad Zèro de conduite; pero fue su obra póstuma la que resultó peor parada. Vigo, que murió tras haber concluido el primer montaje, no pudo estar allí para defenderla y L’Atalante fue mutilada por los productores tanto por activa como por pasiva.

En lo que a la imagen se refiere, los cortes de Vigo -que se vio obligado a sacrificar varias escenas- se suman a los que hicieron los productores. Las composiciones de Jaubert fueron sustituidas por las canciones populares de Cesare Andrea Bixio, interpretadas por Lys Gauty, para así poder justificar el cambio de título, que coincidía con una canción de moda: Le Chaland qui passe[18].Todas estas modificaciones desgarraron la unidad íntima de la obra, tanto desde el punto de vista visual como desde el musical, pues las composiciones de Jaubert se caracterizan por la búsqueda de la equivalencia perfecta con la imagen y, por su parte, Vigo utilizó la música de Jaubert como un recurso narrativo. De esta forma, en L’Atalante la música parece que emerge desde el fondo de la imagen, o visto de otro modo, la música engendra la imagen más que acompañarla, produciéndose una perfecta sincronía entre ambas, una «imbricación absoluta de lo sonoro en lo visual»[19], al tiempo que la música conserva su integridad, su independencia.

Cartel promocional de L'Atalante


En consecuencia, lo que nos ha llegado de esta obra de Vigo han sido sucesivas reconstrucciones que se han elaborado a partir de versiones copiadas para su distribución en Inglaterra, que contenían la banda sonora original de Jaubert y de los fragmentos desechados por Vigo, que fueron recuperados; pues ya no subsiste ninguna versión original de la película. La primera tuvo lugar en 1935, la música de Jaubert fue reincorporada en 1940. Paradójicamente, la ocupación alemana favoreció indirectamente la restauración de la película, pues Dita Parlo –que era una actriz franco-alemana que había alcanzado cierta fama, se interesó en su restauración para borrar la impresión que pudiera causar su participación en La Grande Illusion (1937) de Jean Renoir en la nueva situación política europea. En este filme pacifista encarnaba a una campesina alemana, que durante la Primera Guerra Mundial, esconde a dos oficiales franceses evadidos, uno de ellos judío. Enamorarse de un oficial del ejército contrario, así como encubrirlos y darles cobijo, estaba mal visto por la ideología de las tropas alemanas[20]. Las dos últimas restauraciones se llevaron a cabo en 1991 y 2001[21]. Nuestro trabajo se basa en esta última.

3.  L'ATALANTE: LA OPORTUNIDAD DE LA INDUSTRIA


        3.1. El proyecto, la realización y la historia

Vigo había trabajado un corto periodo de tiempo durante 1929 como operador de cámara para G.F.F.A. y había rodado un documental sobre la natación –Taris (1930)- y preparado otro sobre el tenis. Junto al productor Jean-Louis Nounez había tenido la oportunidad de expresar su creatividad en Zéro de conduite (1933), su debut como realizador, que incluía diálogos y la colaboración de Maurice Jaubert. Zéro es una obra poética, crítica y autobiográfica, muy personal, donde Vigo tuvo la ocasión de plasmar los recuerdos de su infancia. Como también había escrito el guión, pudo asumir un control creativo total sobre la obra. Como contrapartida, ésta dispuso de un escaso presupuesto y pocos medios técnicos: tanto en el caso de Zéro de conduite como en el de L’Atalante, Vigo sólo tenía una semana para rodar los interiores en el estudio, y siempre durante el periodo vacacional, por lo que las condiciones de trabajo se traducían en una jornada intensiva y un ritmo de rodaje acelerado que no le permitían obtener varias tomas de un mismo plano o escena. Zéro era una película artesanal, humilde, rodada con la colaboración de sus amigos Kaufman, Storck, Jaubert, Merle y Jean Dasté, a los que se sumaron una veintena de chavales procedentes de los barrios populares de París. L’Atalante por su parte, representaba para Vigo la oportunidad de la industria, pues contaba con un elevado presupuesto –teniendo en cuenta la situación crítica en la que ésta se encontraba- estrellas, canciones, etc. Aunque, con la condición de aceptar a los actores y el guión propuesto.

Según los críticos, el tema era “convencional y mediocre”, se trata de la historia de amor de una joven pareja de recién casados: Jean, un marinero que capitanea una chalana a motor y Juliette una humilde campesina llena de alegría y vitalidad. Pero, en mi opinión, el guión suponía el pretexto perfecto para elaborar una historia de amor en un contexto realista, que Vigo supo adaptar con maestría al ambiente de la Francia del momento y que se desarrolla en torno a la oposición entre dos mundos, tal y como sucedía en À Propos de Nice y Zéro de conduite.

L’Atalante es una historia de amor contemporánea y a la vez mítica, concreta y a la vez abstracta, pues también es una historia sobre el amor o, mejor dicho, sobre el triunfo del amor sincero, auténtico y cotidiano, capaz de vencer la monotonía, la rutina, los conflictos sociales y personales. Tanto el tema como la estilizada poesía de Vigo hacen que esta obra sea considerada romántica por los críticos no contemporáneos[22] al cineasta, como es el caso del historiador del arte Elie Faure, a cuyos escritos, lamentablemente, no hemos podido acceder.

En esta historia parece que Vigo nos propone el amor como catarsis, como forma de liberación de una sociedad opresora y alienante basada en la competitividad y en el consumo, en el lujo, en la apariencia, en la superficialidad, en el vacío, la deshumanización y la soledad. A lo largo de toda la obra va a distinguir implícitamente, al igual que haría F. Nietzsche en la tercera de sus Consideraciones Intempestivas, entre Kultur y Zivilisation[23], al oponer el mundo de la ribera, con la ciudad, sus restaurantes, sus edificios, los escaparates, los espectáculos, el lujo y, al mismo tiempo, las fábricas, los trenes, el desempleo, la pobreza, la delincuencia, la deshumanización; al microcosmos de la chalana, que sólo tiene que ceñirse a las directrices de la compañía naval y que lleva encerrado otro mundo dentro de sí: el camarote del padre Jules. Si Fritz Lang afirma a través de Metrópolis (1927) que entre el cerebro (creación) y la mano (construcción) debe mediar el corazón, el amor; Vigo nos sugiere que sólo a través del amor, de los sentimientos, podemos construir algo humano. En L’Atalante todos se quieren, a pesar de que haya conflictos o tengan sus diferencias.

L’Atalante es una historia de amor bajo la que palpita la crítica social, que bien pudiera ser la propia historia de Vigo y Lydou: «El porvenir no se aclara; y nuestra situación, como suele decirse, material, moral y artística sigue siendo tan brillante como después de mil gestiones ante personajes calificados e incalificables. Pero al menos, no le escatimamos nada al amor»[24]. Esta es una idea sugerida por Gottle Strebel, que compara a Jean Vigo con el joven capitán Jean, que vive una existencia nómada e itinerante, en los márgenes del sistema social establecido y, al igual que Jean Vigo, en lo que al mundo de la industria cinematográfica se refiere, es forzado a conformarse con las exigencias de la compañía naval. La aparición de los gatos, que pueblan el microcosmos de la chalana y forman parte consustancial de la figura del padre Jules, nos evoca el apartamento parisino donde nació Vigo. Niza y París fueron los dos escenarios de su vida y de su amor con Lydou, ambas ciudades aparecen en su obra con un marcado carácter ambivalente.

El título de la película hace referencia al nombre de la chalana donde se desarrolla gran parte de la acción, pero que también hace referencia a los mitos griegos[25]. Atalanta es una historia de amor y de realidad donde la música es un elemento fundamental, que forma parte de la narración, es un recurso narrativo. La música es diegética, es el leitmotiv narrativo, actúa de mediadora entre el mundo de la cruda realidad y las imágenes más poéticas y románticas vinculadas a Jean y Juliette, o las más surrealistas como las de la escena del camarote del padre Jules. La música es el elemento que hace posible la fusión entre el mundo de la realidad y el de la fantasía, penetrando en las entrañas de la historia y sustentando el equilibrio entre romanticismo y crítica social.

El camarote de Jules


La partitura de Jaubert tiene una duración de 15 minutos dividida en diez secciones
[26], aunque, en mi opinión, la composición musical abarca en el filme un espectro que se extiende desde los ruidos (el de los objetos al romperse, el que hace el dial al sintonizar la emisora), los sonidos de la vida cotidiana: las campanas de la Iglesia, las campanas del barco, el motor, la chimenea del barco, los acordeones, el organillo, los objetos musicales del padre Jules, los silbidos, la cantinela de los marineros, el hombre orquesta, el eco de la voz de Jean llamando a Juliette, la emisora de radio, el disco que suena en el fonógrafo...pasando por el uso del silencio, hasta las canciones populares orquestadas, el vals, la java; la música compuesta especialmente para el film.

La película no presenta fisuras entre música e imagen debido a la concepción que Jaubert tenía del sonido y el estudio que hizo de éste para el filme: muy en consonancia con la vanguardia, la música es tratada como materia sonora[27]. Según Gorbman[28], Jaubert experimenta con las posibilidades de la música de cine a través de innovaciones mecánicas, que aplica al campo que cree que aún está por explotar en la composición para el cine: el de los sonidos naturales, aquel que se halla en las antípodas de la orquestación.

La música se materializa en la película, tiene su correlato visual en objetos reales, le aporta un fondo sensible a la imagen, pero no dramático, pues los personajes no están descritos a partir de un leitmotiv musical que refuerce el dramatismo de la acción (tradición romántica –wagneriana- y postromántica, que va a adoptar el cine narrativo de Hollywood, de ahí la crítica de Jaubert a Steiner): el tempo musical se pliega al ritmo de la imagen, que es donde en realidad reside todo el peso narrativo del filme; pues el modelo de representación de Vigo se aleja del M.R.I. y se acerca más al “montaje intelectual” de Eisenstein (rechazo del montaje como recurso de continuidad narrativa y yuxtaposición de planos para expresar ideas, lo cual conlleva elipsis narrativas y ruptura de la continuidad espacio-temporal), a la concepción que la primera vanguardia cinematográfica tenía del ritmo visual como lo específicamente fílmico, o al dominio del ritmo de Murnau en Amanecer (Sunrise, 1927)[29].

La música de Atalanta es naturalista, desdramatizada, decorativa, sencilla. Atalanta es un filme que nace de una canción[30]–al igual que Catorce de julio (1932) de René Clair, cuya música fue compuesta también por Jaubert o Cantando bajo la lluvia (1952)- todo su sentido está concentrado en la melodía de los títulos de crédito donde escuchamos a coro la «canción de los marineros» («no estamos sobre las gabanas para holgazanear; hay que trabajar») a la que se une una voz femenina, que se encadena a un vals de amor, interpretado por instrumentos de viento. La música se convierte incluso en diálogo, se modula en el susurro de Jean al oído de Juliette y en la respuesta de ésta a su amante.

Los instrumentos musicales son elementos de la vida cotidiana de los personajes y, al mismo tiempo, parece que funcionan como personajes secundarios, su aparición en la historia hace posible la sincronización total de música e imagen, la superposición de imagen y sonido constituyendo una unidad que no presenta fisuras y también la cualidad real o material de la música. En Atalanta la música es el alma de la imagen a pesar de ser tratada como materia sonora. El fonógrafo merece especial atención, pues es un elemento que forma parte de la trama narrativa y que al mismo tiempo está asociado a la música, que representa en la película una especie de código, de lenguaje sin palabras a través del cual los personajes se reencuentran. La música en L’Atalante es una especie de metadiscurso.

El canal, el medio a través del cual la comunicación se hace posible es el gramófono, que se va construyendo fragmento a fragmento a lo largo de la historia (la bocina la roba Jules de un bar del que vuelve cantando borracho[31]). El milagro, seguido de la zambullida de Jean y de la secuencia del insomnio, suponen el clímax del relato, el momento de máxima tensión. Curiosamente estas son las secuencias donde el diálogo es prácticamente nulo y, si a ello le unimos la peculiar forma que tiene Jules de reconocer a Juliette entre toda la multitud de la ciudad, podríamos plantear, hipotéticamente, que el canal privilegiado de comunicación entre los personajes del filme es la música y no el acto de discurso. Esta hipótesis estaría en consonancia con la opinión de los críticos en lo referente a la predilección de Vigo por el cine mudo[32].

 

Los gatos de L'Atalante y el gramófono como símbolo de la llegada del sonido al cine

El fonógrafo, como símbolo metafílmico, representa la aparición de la música grabada y de un mercado musical; pero al mismo tiempo, también encarna la sincronización total en el cine entre música e imagen en el contexto industrial de los años treinta a través de la grabación electrónica y el sonido óptico -incorporación de la banda sonora-, lo que hace posible que el sonido reciba el mismo tratamiento que la imagen. Tanto para Jean Vigo como cineasta, como para Maurice Jaubert como compositor, el fonógrafo debía poseer unas connotaciones muy especiales, relacionadas con los dos universos que habitan cada uno -la música y el cine-, que se funden en uno solo.

3.2. Planificación del filme

Transcribimos a continuación una plantilla de la historia dividida en episodios, que nos ha sido muy útil para ubicar los momentos musicales más significativos de la película, donde se aprecia una equivalencia perfecta entre imagen y sonido. Hemos observado que en la mayoría de los casos los capítulos se cierran con un fundido en negro.

I) INTRODUCCIÓN: 47 PLANOS: Obertura, la chalana. El padre Jules y el grumete. La boda. La partida.

II) 11 PLANOS: Primera noche a bordo. Jean y Juliette molestados por los gatos. Jean arañado.

III) 28 PLANOS: A la mañana siguiente. Una escala. Recibimiento a Juliette con cantos, e inicio de la vida a bordo. «La monina ha parido sus crías». Juliette se dedica a las labores domésticas: la colada. El padre Jules va a comprar provisiones, con el grumete y Rasputín. Meter la cabeza en el agua para ver a la mujer que se ama. Juegos de Jean y Juliette. Demostración de lucha grecorromana del padre Jules.

IV) 26 PLANOS: La chalana avanza de noche. Paso del tiempo. Como tantas y tantas noches, Juliette está sola en la cama y llama en vano a Jean, que tiene que quedarse al timón. Se avecinan problemas y a la mañana siguiente se produce el primer altercado, a causa del aparato de T.S.H. que Juliette manipula torpemente para intentar escuchar las emisoras de París. Después, L’Atalante atraca en medio de la niebla. Jean busca durante largo rato a Juliette, hasta que la encuentra triste e inmóvil en el puente. Jean, enervado habla con brusquedad al padre Jules, que se enfada y se va.

V) 11 PLANOS: La comida, el padre Jules llega con retraso, Jean y él hacen las paces. La máquina de coser. Las exhibiciones del padre Jules.

VI) 8 PLANOS: Llegada a París.

VII) 30 PLANOS: Juliette en el camarote del padre Jules. Llegada de Jean, que rompe varios objetos. El padre Jules va a que le corte el pelo un esquilador de perros. Descubre, inquieto, un cristal roto (la faena de los descargadores, que no fue incluida). Jean, el padre Jules y el grumete buscan a Juliette, que está en el camarote de otra mujer, en una chalana vecina. Existen algunos planos entre el material desechado. Jean decide llevar a Juliette a la ciudad, y ella comienza a arreglarse. El padre Jules se da cuenta de que su colgante-fetiche está roto y decide ir a consultar a la vidente. Jean y Juliette tienen que quedarse a bordo.

VIII) 18 PLANOS: La echadora de cartas. El padre Jules vuelve borracho.

IX) 21 PLANOS: El merendero. El charlatán se cuela en la chalana.

X) 32 PLANOS: La pareja discute. Juliette va a París. L’Atalante parte. El robo en la estación.

XI) 35 PLANOS: El juego de damas. El fonógrafo. La zambullida de Jean. Demostración del fonógrafo. Presentación paralela de Jean y Juliette. El insomnio de ambos.

XII) 17 PLANOS: En el Havre. Oficina de la compañía. El padre Jules decide ir a buscar a Juliette.

XIII) 16 PLANOS: El padre Jules busca a Juliette, la encuentra. Jean se asea, llega Juliette. Conclusión en la chalana, que surca el río.

3.3. El estilo de Vigo y la música de Jaubert: momentos musicales significativos

Muchos han sido los críticos que han opinado sobre las influencias recibidas por Vigo, no obstante, a nuestro juicio, el cineasta es un precursor que posee un estilo propio. Vigo, que había entrado en contacto con el cine ruso a través de los cineclubes, es capaz de conjugar armoniosamente dos tendencias tan opuestas como la documental del cine-ojo de Vertov -de hecho Atalanta incluye algunos planos documentales-, con el “montaje intelectual” de Eisenstein; es decir, fusiona un modelo de mundo de realidad efectiva con un modelo de mundo ficcional verosímil. Al mismo tiempo, mantuvo un contacto directo con la primera vanguardia, con el surrealismo -cita a Le Chien Andalou de Buñuel como ejemplo de cine comprometido y no escapista en su conferencia «Hacia un cine social»- se interesó bastante por la figura de Chaplin, por pioneros como Mèliés, por el realismo duro de Erich von Stroheim y es continuador de una corriente de cine realista que va desde la U.R.S.S. al Neorrealismo italiano; aunque, al mismo tiempo, le aporta al cine su propia poesía. Manvell presenta el realismo de Vigo como predecesor del de Obssessione de Visconti o del de El ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica[33] (Salès y Gomès, 1997, p.299.); lo cierto es que la influencia de Vigo se extiende desde la generación de cineastas inmediatamente posterior, que conforman la escuela del realismo poético, con los que Jaubert seguirá colaborando (Le Dernier Milliardaire y la mencionada Quatorce Juillet de René Clair, Drôle de drame, Quai des Brumes, Hotel du Nord y Le Jour se lève de Marcel Carné, etc.) hasta la Nouvelle Vague: Truffaut no sólo va a citar la obra de Vigo, sino que incluso va a introducir la música de Jaubert en un nuevo contexto cinematográfico: tal es el caso de L’Historie D’Adele H.

Una de las cosas que más nos ha impresionado de Atalanta desde el punto de vista visual, ha sido el uso de la luz, que proporciona a la imagen gran calidad visual y transparencia, un hermoso contraste entre luces y sombras. Parece que Vigo llevara a su extremo el contraste entre el blanco y el negro a la manera de los grandes maestros del claroscuro como Leonardo da Vinci, Caravaggio y Rembrandt en el periodo romántico. Un ejemplo de ello son las hermosas imágenes de la luna reflejada en el Sena o la luz del rostro de Juliette al levantarse por la mañana. Una de las características más importantes del estilo de Vigo es la identidad entre principios narrativos y estructurales. Se decantó por la unidad de estilo frente a la unidad de acción, debido a las limitaciones de tiempo, metraje y presupuesto que le imponían los productores, lo cual fue motivo de duras críticas por parte de sus contemporáneos: hilo narrativo cortado, acción poco desarrollada, narración elíptica, historia anárquica y fragmentada, etc.[34].

La obra de Vigo transmite un mensaje global, reconstruye un ambiente, su sentido está en la totalidad y no en la trama de las acciones, representa una fantasía visual y poética, una tensión continua entre lo real y lo imaginario, un tránsito continuo de la realidad trabajosa y decepcionante a lo absoluto en el amor[35]. Aquello que Hermann Hesse decía de Kafka: «Etéreo como un sueño, exacto como un logaritmo», podríamos aplicárselo, aunque en un sentido más romántico, a Jean Vigo. El cineasta otorga, por tanto, más importancia a la forma que al contenido, tal y como sucede en el realismo poético literario[36].

 

Sobreimpresiones en L'Atalante, Jean ve a Juliette al sumergir la cabeza en el agua

Jaubert (1900-1940) buscó la equivalencia musical de la fantasía visual y poética de Vigo a través de una música simple, expresiva, equilibrada, que no presenta ningún tipo de jerarquía[37].La película se compone de dos temas fundamentales que se van a repetir a lo largo de toda la historia, pero cuyo sonido va a ser constantemente modulado por Jaubert: La «canción de los marineros» y el tema de amor (vals), a los que podemos añadir la «canción del charlatán», que vamos a escuchar únicamente en la escena del merendero. La música de Jaubert, como hemos apuntado, busca una total equivalencia con la imagen, pero no el comentario, la ilustración o la explicación, lo cual se consigue al adaptar el tempo musical al ritmo interno de la imagen, independientemente de cual sea el contenido dramático de la acción: es una música desdramatizada, también denominada decorativa o real[38], que posee la peculiaridad de complementar a la imagen y otorgarle un carácter de materialidad y, al mismo tiempo, al no estar sometida a clichés instrumentales, posee el carácter de música autónoma.

La música desdramatizada se convierte en música emancipada al evadir los clichés instrumentales, tonales, melódicos, distanciándose de la música postromántica, que condiciona la aplicación de la música al filme a los criterios de eficiencia narrativa y transparencia. El cine narrativo de los estudios demanda una música que aporte énfasis narrativo y dramático a la imagen, lo cual se consigue a través del leitmotiv, que supone una exploración en la psicología de los personajes, de tal forma que se representan musicalmente los distintos caracteres. Cada situación y cada personaje están vinculados a un leitmotiv que se va repitiendo. Esto supone para Jaubert trasladar a la música de cine la vieja tradición del melodrama: «Por regla general, se pide a la música comentar la acción [...] ¿No se dan cuenta los sustentadores de tal estética, que no hacen más que trasladar al cine la vieja tradición musical del melodrama? No tienen en cuenta que desde el punto de vista acústico, la superposición de la música a una voz, o a un sonido, amenaza con destruir el valor emotivo del uno y la fuerza de autenticidad de la otra»[39].

La música del sinfonismo clásico de Hollywood es descriptiva, casi textual, actúa como diálogo en un plano psicológico, casi inconsciente, que sitúa al espectador en un determinado estado afectivo[40], de ahí la necesidad de la transparencia, de la ocultación de la orquesta. Claudia Gorbman define a este tipo de melodías como «Unheard Melodies», melodías inaudibles, que caracterizan el estilo invisible del sinfonismo clásico: la invisibilidad de los elementos narrativos tiene su correlato en la transparencia musical[41]. Se trata de una música ligada a la palabra y a la acción a través de la tonalidad, frente a la música de Jaubert, que está vinculada a la armonía y al ritmo.

El carácter real o material de la música de Jaubert se debe al análisis que éste hizo del sonido natural y de la autoconciencia que poseía de la naturaleza porosa del muro que separa a la música de éste, dirigiendo hacia ese campo la investigación sobre las relaciones entre música e imagen[42]. La música hace físicamente perceptible el ritmo interno de la imagen, los sonidos están musicalmente encajados en la imagen, de la misma manera que lo están en la realidad; lo cual otorga a la música un carácter naturalista. Son sonidos no-diegéticos, no contienen información narrativa, la música funciona como el ruido y nos invita a percibir los sonidos cotidianos como permeados por un ritmo musical; no obstante, estos efectos sonoros asumen funciones musicales: la música es usada como sonido físico, material. Este carácter material de la música posee un efecto narrativo: la música desempeña una función referencial, representativa[43].

Por otro lado, pensamos que cuando Jaubert utiliza la palabra “decorativa” refiriéndose a la música, no sólo hace referencia a su carácter real o material, sino también al estilo propio que debe crear ésta en el cine. Y este estilo, en nuestra opinión, puede estar relacionado con el concepto de música decorativa de Morin –término que también emplea Jaubert- de música ambiente de Marcel Martin o de música anempática de Chion, que apuntan a una música que conecta el film con una idea global, que «tiende a ensanchar la participación anímica hacia la participación cósmica»[44]; pues sólo de esta forma nos podríamos explicar que Atalanta sea un film que nace de una canción que condensa todo el sentido de la historia, sin menoscabo de que la música también posea un carácter real o material.

Por falta de tiempo y experiencia, nos contentamos con comentar algunos de los momentos más significativos del filme, en lo que se refiere a la relación entre música e imagen, no sin antes apuntar la última característica del estilo musical de Jaubert: la economía orquestal y el uso de solos imaginativos. En los títulos de crédito oímos la canción de los marineros que se encadena al tema de amor interpretado por instrumentos de viento, al que creemos que se une a coro una voz femenina. En la secuencia de la boda vuelve a sonar el tema de amor interpretado por el acordeón de una forma, según Chion, un tanto aproximativa y dislocada, que toma un cariz lírico -orquesta y saxofón solista- en la escena del cortejo.

Una de las secuencias más bellas en cuanto a la equivalencia entre música e imagen es aquella en la que Jean le muestra la chalana a Juliette: el sonido de las campanas da paso al del motor, que se encadena al tema de amor interpretado por el saxo, que según Chion, compone una especie de tema religioso sobre los valores motorísticos, de forma que danza -movimiento de la embarcación- y canto lírico se superponen fundiéndose en una unidad[45]. En el camarote del padre Jules, Juliette escucha el sonido de una caracola, lo cual hace referencia a los ecos marinos, a las historias del mar y nos evoca los mitos presentes en Atalanta vinculados a la literatura de viajes, al viaje que supone el conocimiento y al navigium amoris. Mitos del mar que, por otro lado, no hemos comentado. En el camarote del padre Jules suena una especie de melodía producida por el sonido de todos los aparatos musicales al unísono, guiados por la marioneta del director de orquesta traído de Caracas, que a la vez maneja Jules.

Cuando la pareja camina junta por el muelle de camino a París, suenan de nuevo las campanas y la canción de los marineros al ritmo que la pareja baila, interpretada esta vez quizás por un piano. La llegada de Juliette a París se representa a través de una mezcla rápida de músicas cosmopolitas -xilófono, triángulo- que siguen el mismo ritmo que las imágenes cambiantes de los escaparates[46]. El falso milagro del gramófono, en el que oímos al grumete tocar en el acordeón la canción de los marineros cuando Jules pasa el dedo por el disco, da paso al auténtico y se oye el vals de Jaubert. En estas secuencias, unidas a las de la zambullida de Jean y a las del insomnio, se encuentran condensadas gran parte de la música compuesta por Jaubert para este filme. La larga secuencia musical de la inmersión de Jean, donde el tema de amor adquiere un nuevo matiz reflejando el deseo frustrado, la soledad y el amor imposible; da paso a la separación de los enamorados, donde se presenta de forma paralela y sincronizada a los amantes atormentados, que deben irse a la cama en lugares separados. La música ejerce de enlace entre los dos amantes. La canción de los marineros y el tema de amor suenan simultáneamente y, según afirma Annette Insdorf, el contacto de los sonidos sustituye al contacto de los cuerpos[47].


4. BIBLIOGRAFÍA

Adorno, Theodor: Sobre Walter Benjamin, Madrid, Cátedra, 1995.
Adorno, Theodor y Horkheimer, Max: Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, 2001.
Chion, Michel: La música en el cine, Barcelona, Paidós, 1997.
Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel: Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, 1997.
Gorbman, Claudia: «Vigo / Jaubert», Cinè – Tracts, Vol. I, Nº 2, Summer 1977, Quebec, pp.65-80.
Grottle Strebel, Elizabeth: «French Social Cinema and the Popular Front», Journal of Contemporary History, Vol. 12, nº 3, Jul., 1977, pp. 499-519.
Insdorf, Annette: «Maurice Jaubert and François Truffaut: Musical continuities from L’Atalante to L’Historie D’Adele H», Yale French Studies, Nº 60, Cinema / Sound, 1980, pp. 204-218.
Lacombe, Alain y Porcile, François: Les musiques du cinema français, Bordas, París, 1995.
Ortega y Gasset, José:
-La rebelión de las masas, Alianza, Madrid, 2001.
-La deshumanización del arte, Madrid, Espasa-Calpe, 2002.
Salès y Gomès, Paulo Emilio: Jean Vigo, Barcelona, Circe, 1999.
Sánchez Noriega, José Luis: Historia del Cine. Teorías y géneros cinematográficos, fotografía y televisión, Alianza, Madrid, 2002.

[1] Ortega y Gasset, José (2001): La rebelión de las masas, Alianza, Madrid. El primer capítulo del libro es una refundición de un artículo que Ortega publicó en 1927 en El Sol titulado “Masas”.
[2]Adorno, Th.W. y Horkheimer, M (2001): Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, pp. 165-212 (“La Industria cultural”).
[3] Ortega y Gasset, José (2002): La deshumanización del arte, Madrid, Espasa-Calpe, Op.cit., I, p.428.
[4] Benjamin, Walter (1995): Discursos interrumpidos. Ha sido muy interesante el cotejo de este texto con la correspondencia entre Adorno y Benjamin (Adorno, Th. W.: Sobre Walter Benjamin, Madrid, Cátedra, 1995, pp. 138-146; “Sobre la obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica”.)
[5] Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, p.41
[6] Sánchez Noriega, J.L. (2002): Historia del Cine: teorías y géneros cinematográficos, fotografía y televisión, Alianza, Madrid, p. 116.
[7]Cf.: Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, p.41.
[8] Sánchez Noriega, J.L. (2002): Historia del Cine: teorías y géneros cinematográficos, fotografía y televisión, Alianza, Madrid, p. 248.
[9] Sánchez Noriega, J.L. (2002): Historia del Cine: teorías y géneros cinematográficos, fotografía y televisión, Alianza, Madrid, p. 224.
[10] Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, p. 274.
[11]Grottle Strebel, E: “French Social Cinema and the Popular Front”, Journal of Contemporary History, Vol. 12, nº 3 (Jul., 1977), p. 501.
[12] Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, p. 249.
[13] Sánchez Noriega, J.L. (2002): Historia del Cine: teorías y géneros cinematográficos, fotografía y televisión, Alianza, Madrid, p. 302.
[14] Sánchez Noriega, J.L. (2002): Historia del Cine: teorías y géneros cinematográficos, fotografía y televisión, Alianza, Madrid, p. 237.
[15] Grottle Strebel, E: «French Social Cinema and the Popular Front», (Journal of Contemporary History, Vol. 12, nº 3, Jul., 1977), p. 501.
[16] Ortega y Gasset, José (2002): La deshumanización del arte, Madrid, Espasa-Calpe, pp. 159- 160.
[17] Palabras de un amigo de Vigo reproducidas por Krakauer en 1947 y citadas por Gottle Strebel (Op.cit.)
[18] Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, pp. 238-239.
[19] Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, p.253.
[20] Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, pp. 265.
[21] Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, pp. 256-260.
[22] Subrayamos lo de “no contemporáneos” debido a que las obras de Vigo fueron mal recibidas por la crítica de su tiempo, no sólo por ciertas circunstancias históricas y sociales –sobre todo políticas- sino también por la dificultad que entraña comprender un nuevo estilo, una nueva manera de ver y representar. Los precursores a veces tienen que cargar con el lastre de la incomprensión y las obras de Vigo se anticiparon a su tiempo.
[23] La civilización es una cultura decadente, consagrada a la muerte, desintegrada. Un signo de decadencia es la hipertrofia del sentido histórico, que refleja un profundo cisma entre razón y vida.
[24] Carta de Vigo a Storck el 9 de Junio de 1932, recogida por Salès y Gomès, Op.cit., pp.122-123.
[25] Hemos marginado este aspecto por falta de tiempo y en función de concederle prioridad a la música, pero podríamos desarrollarlo si se nos ofrece la oportunidad. No hemos encontrado el libro Cine y mar: una aproximación de Juan-Fabián Delgado, que hubiera sido interesante consultar.
[26]Claudia Gorbman posee un estupendo artículo sobre la colaboración entre Vigo y Jaubert, pero lamentablemente se centra en Zéro de conduite. En él nos basamos sobre todo en lo referente a consideraciones generales sobre la idea que tenía Jaubert de la aplicación de la música a la imagen. Cf. Gorbman, Claudia: «Vigo / Jaubert», pp. 65-80. Del artículo de Annette Insdorf, «Maurice Jaubert and François Truffaut. Musical continuities from L’Atalante to L’Historie D’Adele H», Cinè – Tracts, Vol. I, Nº 2, Summer 1977, hemos extraído un pequeño esquema de la estructura de la banda sonora que ha sido muy orientativo.
[27] Las figuras de Erik Satie y Claude Debussy resultan fundamentales para comprender la evolución de la música en la Francia del primer cuarto de siglo. El primero de ellos destacó por introducir elementos ajenos o populares en la música seria, entre ellos la chanson, formas populares francesas e incluso elementos jazzísticos, rompiendo con ello la sacralidad de la música autónoma. La introducción de elementos jazzísticos está relacionada con el nacimiento de fonógrafo -o gramófono si se refiere a la patente de Berliner- y a la difusión de la radio, pues en EE.UU. se genera un mercado discográfico en torno al ragtime y al jazz que va a ejercer una enorme influencia en Europa. El gramófono impulsa el desarrollo de la música popular, puesto que hasta 1925-30 no se dispuso de una tecnología de grabación electrónica adecuada para reproducir el sonido de los instrumentos de viento. Entracte de René Clair (1924) se proyectó precisamente en el entreacto del ballet de Satie Relâche. Satie va a influir en varias escuelas de compositores, entre ellos cabe mencionar a Les Six, dos de cuyos miembros Arthur Honegger y Darius Milhaud van a componer para el cine. De esta primera vanguardia de la música hallamos ecos en Jaubert, fundamentalmente en lo referente al tratamiento del sonido como materia prima, a la introducción de la chanson y de instrumentos de percusión de origen oriental y uso litúrgico, que aportan un elemento rítmico a las orquestas. Un ejemplo de ello, en el caso que nos ocupa, son los “temple blocks” o “wood blocks”, que se usan en Atalanta para representar los celos de Jean en la escena del merendero, cuando el charlatán empieza a bailar con Juliette mientras suena el organillo. También pueden escucharse en la escena de la batalla de Alexander Nevsky (1938).
[28] Cf. Gorbman, Claudia: «Vigo / Jaubert», (Cinè – Tracts, Vol. I, Nº 2, Summer 1977, Quebec), pp. 65-80.
[29] Nos ha parecido ver que Vigo citaba una imagen de Amanecer de Murnau. Se trata de una niña de la mano de su abuela que aparece en sobreimpresión al final de la escena del cortejo.
[30] Cf. Chion, M. (1997): La música en el cine, Buenos Aires, Paidós, p. 290.
[31] «París, París, ciudad infame y maravillosa, amada por los enamorados y también por los bandidos, tú eres la gran hechicera...» (Cf. Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, p. 226.)
[32] Cf. Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, p. 94.
[33] Salès y Gomès, P.E. (1999): Jean Vigo, Barcelona, Circe, p. 299.
[34] Cf. Gorbman, Claudia: “Vigo / Jaubert”, Cinè – Tracts, Vol. I, Nº 2, Summer 1977, Quebec, p.66.
[35] Cf. Chion, M. (1997): La música en el cine, Buenos Aires, Paidós, p. 351.
[36] Este movimiento se desarrolla sobre todo en Dinamarca, influido por el romanticismo del Círculo de Jena y el Neoclasicismo de Goethe y Schiller. Dos de sus principales representantes son Hans Christian Andersen y Søren Kierkegaard.
[37] Chion, M. (1997): La música en el cine, Buenos Aires, Paidós, p. 352.
[38] Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, pp.255-56.
[39] Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, p.255.
[40] Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, pp.109-111.
[41] Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, pp.111-112.
[42] Gorbman, Claudia: “Vigo / Jaubert”, Cinè – Tracts, Vol. I, Nº 2, Summer 1977, Quebec, p.71
[43] Gorbman, Claudia: “Vigo / Jaubert”, Cinè – Tracts, Vol. I, Nº 2, Summer 1977, Quebec, p.72.
[44] Colón Perales, Carlos; Infante del Rosal, Fernando y Lombardo Ortega, Manuel (1997): Presencias afectivas, Alfar, Sevilla, pp.251-253.
[45] Chion, M. (1997): La música en el cine, Buenos Aires, Paidós, p. 352.
[46] Ibidem.
[47] Annette Insdorf, M. Jaubert & F. Truffaut. Musical continuities from L’Atalante to L’Historie D’Adele H, 1980, p. 215.

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